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Control de daños

Rincón del autor. La confianza requiere señales claras de que el Estado no permitirá una recesión y de que sí cuenta con instrumentos para lograr ese objetivo

Por Richard Webb

Cuando recibimos un golpe, sufrimos un daño inevitable, pero según como reaccionemos o tratemos el golpe, se pueden sumar o evitar daños adicionales. Una llanta pinchada puede causar una pequeña demora en el viaje, o la destrucción total, según la destreza del chofer. El trauma que producen los balazos ha dado lugar a un avance en la ciencia médica llamada la "cirugía de control de daños", cuyo principio central es la priorización. Se empieza atacando las causas inmediatas de muerte, la hemorragia por ejemplo, postergando el tratamiento de otros daños debido a que la cirugía misma encierra riesgos, como la hipotermia, la hipotensión y la contaminación. El objetivo no es la reparación en sí misma sino un paciente vivo.

Un poderoso golpe está impactando la economía mundial. El primer impacto se sintió en EE.UU. y Europa, donde amenazó con paralizar el sistema de pagos, y la respuesta fue una cirugía radical, con estatización de bancos y transfusiones masivas de liquidez. Enseguida surgió una segunda amenaza en la forma del miedo que se ha producido entre consumidores e inversionistas, que empiezan a reducir sus gastos, creando recesión y desempleo. La complicación es que las medidas iniciales implican más gasto fiscal y un exceso de dinero, por lo que en una próxima etapa podemos esperar otro conjunto de medidas para impedir que las intervenciones iniciales generen inflación. Y más adelante vendrá una etapa de reformas para evitar una recaída.

En el Perú, el control de daños deberá seguir un proceso similar de priorización. Algún empobrecimiento es inevitable por la caída en el valor de las exportaciones, afectando a un gran número de empresas, trabajadores y al Estado por una menor recaudación. También habrá menos capitales y remesas de afuera. Por eso mismo el objetivo primordial de la política será evitar que los problemas del sector externo de la economía se trasladen al resto de las actividades económicas del país. Por fortuna, el peligro de una parálisis por falta de dinero y por el colapso de bancos es insignificante en nuestro caso. La emergencia inmediata es más bien la de una posible 'hemorragia' de confianza, que frenaría las compras del consumidor y la inversión que se requiere para mantener el rápido crecimiento de la economía. La confianza requiere señales claras de que el Estado no permitirá una recesión y de que sí cuenta con instrumentos para lograr ese objetivo.

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