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ALEMANIA

El sorprendente Hoffenheim

Acaba de ascender de la mano de un multimillonario mecenas y ya es líder en Alemania. Esta es su historia

Por Jaime Cordero

Un millonario lo adoptó, hizo un par de pases mágicos con la chequera, y ahora los grandes de Alemania lo sufren. Ayer le tocó al Hamburgo, que no tuvo a Paolo Guerrero --lesionado--, pero igual llegó orondo y con aires de líder, solo para regresar al puerto con el casco roto y tres goles en la bodega. Alemania mira con estupor el fenómeno del 1899 Hoffenfeim, ascensorista que desde hace varias temporadas solo sabe ir hacia arriba. El año pasado estaba en Segunda y ahora es líder en la Bundesliga. Es hora de revisar los adjetivos. ¿Desconocido? Puede ser. ¿Sorprendente? Más que seguro. ¿Humilde? Ni de vainas.

El aporte de un hijo ilustre hizo posible el milagro. Cuando le preguntaban al Dietmar Hopp qué quería ser de grande, contestaba que futbolista. Pero el joven Dietmar Hopp resultó ser más hábil con las computadoras y los negocios que en el puesto de 9 que ocupó en el equipito de su pueblo natal. Estudió en la Universidad de Karlsruhe, entró a la IBM y luego fundó SAP, una firma de software que lo hizo billonario. La última lista de Forbes lo consigna con una fortuna estimada de mil millones de dólares. En 1999, el viejo Dietmar Hopp decidió volver para convertirse en el financista del equipo y se convirtió, sin tocar una pelota, en el jugador más importante de su historia.

Su dinero era más que suficiente para convertir a un equipo de pueblo en protagonista de una de las mejores ligas del mundo. Hubiera sido más justo cambiarle el nombre al equipo y ponerle Hoppenheim directamente, pero el agradecimiento no llegó a tanto. Al menos, le pusieron su nombre al pequeño estadio que levantaron, con aforo para algo más de 6.000 personas, y que se inauguró en 1999, justo cuando el club cumplía 100 años.

Luego vino el despegue desde el subsuelo. El 2000 logró el ascenso a la liga regional de Cuarta División y al año siguiente pasó a la Tercera, también regional. Allí se estancó varios años, hasta que Hopp resolvió sacar más dinero (20 millones de euros, según la agencia AFP) de su hondo sombrero: fichó al técnico Ralf Rangnick (que había dirigido antes al Stuttgart, al Hannover y al Schalke) y a varios jugadores de peso. Logró un nuevo ascenso el 2007 y el año pasado quedó segundo en la Bundesliga 2. Ya estaba entre los más grandes.

El Dietmar Hopp Stadion quedó chico, y mientras construye uno nuevo capaz de albergar a diez poblaciones del tamaño de Hoffenheim (el pueblo tiene 3.200 pobladores censados y el estadio tendrá capacidad para más de 30.000), el nuevo niño rico de la Bundesliga juega en el estadio Carl Benz de la vecina ciudad de Mannheim. Es allí donde masacró ayer al Hamburgo, con dos goles del nigeriano Obasi Ogbuke y otro del bosnio Vedad Ibisevic, todos en el primer tiempo. Pasadas las nueve primera fechas, ha ganado seis partidos y sigue invicto de local.

Solo Dios y Hopp saben hasta dónde podrá llegar. Dinero, por lo pronto, no es su problema.

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