Por Jorge Barraza. Periodista
El 2002, en una columna titulada "Ya no es tan malo ser visitante", sosteníamos que la gran cantidad de triunfos que logran los equipos fuera de casa se debe, básicamente, a que ahora es posible hacerlo. El fútbol es infinitamente más limpio que hace quince, veinte y treinta años. Y si es más limpio, es mejor.
El reglamento es más severo y los jueces --aun con fallas--son más estrictos y tienen mejor preparación que los de antaño, que en la mayoría de los casos eran unos señores mayores muy obesos que dirigían desde cuarenta o cincuenta metros.
El juego ya no es ultradefensivo, como sucedió en las tres décadas de 1960 a 1990. La televisión refleja todo y es enemiga de la trampa (de la Copa Libertadores se emiten los 126 partidos, por ejemplo). Los campos de juego son actualmente excelentes y se convierten en aliados de quienes saben jugar, de los que buscan construir fútbol y no destruirlo. Y rige un riguroso control antidopaje...
El fútbol de las amenazas ("si entras al área, te parto en dos", "cuando vengan a nuestra cancha los vamos a matar") no existe más, afortunadamente. El fútbol de codazos criminales o las patadas arteras desapareció. Aquellas maniobras de inundar los vestuarios del visitante, o romperle los vidrios a pedradas, o tantas otras ruindades inventadas para sacar ventaja, no tienen lugar. Ahora con una simple denuncia al veedor el partido se suspende. Se ganaban partidos y campeonatos a través de fechorías descomunales. Incluso forman parte del anecdotario tretas como mandarles mujeres a los jugadores rivales o hacer ruido toda la noche frente al hotel del otro equipo para que no pueda descansar. Por eso, si un equipo es superior a otro futbolísticamente, ahora le puede ganar, juegue donde juegue. Tiene garantías. En una entrevista, y a pesar de su modestia, Pelé sostuvo: "Si jugara hoy, no anotaría 1.200 goles, haría el doble: 2.400. Hoy es mucho más fácil jugar. La preparación es mayor, a uno lo protegen más. La TV muestra todo. Los jugadores que te pateaban cuando el árbitro no miraba ya no lo pueden hacer más, y eso es bueno".
Tiene razón el Atleta del Siglo. Su crecimiento futbolístico le hubiese permitido, con este marco actual, marcar 2.400 o quizá 3.000 goles, aun cuando las marcas son muchísimo más estrictas. Y es bueno que lo diga un hombre que amaneció al fútbol en 1955, hace casi medio siglo. Está diciendo que no todo tiempo pasado fue mejor.