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ECONOMÍA

Mariana rediseñó su futuro y creó Lole Bahe

Tiene 27 años, clientes de primera y una tienda en Nueva York

Por Antonio Orjeda

Tiene 27 años y, tras salir del San Silvestre, partió a Boston. Mariana Lengua Balbi lo tenía todo. Falso. Estaba siguiendo una carrera que no la satisfacía. No la había elegido ella. Hoy, aquí, está a punto de abrir una nueva tienda con los accesorios de cuero que ella diseña. Hoy su vida es otra porque ella se atrevió. Hoy marcas como Alfa Romeo e IBM la buscan para que ella cree y, en su taller, les confeccionen los presentes que obsequiarán a sus clientes VIP. Hoy, Mariana, forjadora de la marca Lole Bahe, sí parece tenerlo todo. Y 'todo' no tiene nada que ver con el billete.

Terminó el colegio y se fue a la Universidad de Boston a estudiar algo que no le gustaba. ¿Qué significó eso para usted?
Pensar --de verdad-- qué quería para mí, porque me fui y fue estar sola a los 17 años; y empezarme a preguntar: "¿Esto es lo que quiero?".

Sus padres tenían las posibilidades económicas para darle lo mejor y creían que se lo estaban dando. Sin embargo, usted no era feliz.
Claro... ¡aunque tampoco la pasé tan mal! Pero, sin darme cuenta, por haberme dejado llevar --porque como tú dices: tus papás siempre quieren lo mejor para ti--, dejé que me convencieran de que siguiera Ciencias de la Comunicación cuando lo que yo quería era diseño gráfico.

Debió habérsele ido cultivando una sensación de insatisfacción.
No duró mucho (ríe)...

Claro, porque al segundo año, sin que sus padres supieran no solo se matriculó en otra carrera, sino en otra escuela.
Sí, para aplicar a la mejor en lo que yo quería hacer (a la Escuela de Arte de Massachusetts). Me preparé un año en clases de arte, porque allá, para entrar a una universidad de arte, tienes que presentar un portafolio.

Y me empecé a sacar honores. Después de estar jalada en todo, pasé a ser ¡la alumna estrella!

¿Siempre actúa así? Cuando 'le llega' algo, digo.
(Ríe) Creo que a partir de ese momento comencé a ser así. Y cada vez más soy así porque descubrí qué me hace feliz. Encontré lo que quiero yo, no lo que quieren los demás para mí. ¿Es lo mejor, no? Que uno mismo decida su bienestar... Siempre que sea para bien, todos van a estar contentos porque te ven contenta.

¿Qué tiempo lo ocultó?
Dos semestres.

Le comenzó a ir bien.
¡Me fue increíble! Me aceptaron directo a la universidad y me aceptaron a la universidad que quería, a la que es muy difícil entrar. Mis compañeros me decían: "¡Yo ya voy aplicando tres veces, olvídate!". Igualito, apliqué; y me aceptaron. Fueron los mejores cuatro años de mi vida.

En casa, ¿alguien lo sabía?
No recuerdo... Pero yo no sentía que estuviera haciendo algo ilegal.

Su padre es un hombre que ha hecho fortuna como abogado. ¿Por qué no siguió sus pasos?
No sé... Nunca lo consideré. En el colegio fui floja. No soy de las personas que han leído toda su vida, y siempre veo a mi papá que lee, lee y lee... Muy serio. ¡Nunca me relacioné con esa carrera! Él trabajaba mucho... aunque ahora me río porque soy yo quien trabaja mucho. "¡Papi, soy igual a ti, son las seis de la tarde y todavía no almuerzo!" (ríe)...

Pasaron esos dos semestres y le dijo la verdad a sus padres. ¿Cuál fue su reacción?
¡Felices! Lo que pasa es que estudiando esos cursos en los que me sacaba honores me di cuenta de que ese era mi don, ¡y que siempre lo tuve! Porque a los 13 años me matriculé en unos cursos de diseño gráfico en la Toulouse (Lautrec), a los que iba saliendo del colegio. Mis compañeros tenían 30 años, para mí eran ¡superviejos! Pero nunca lo había visto como lo que quería hacer (diseñar), sino como un hobby; y lo vine a descubrir cuando me vi llevando una carrera que... ¡No!

Sin embargo, al final lo suyo no fue el diseño gráfico, pues sobre la marcha descubrió que lo que realmente le atraía era el diseño...
El diseño industrial. Yo pensaba que quería hacer diseño publicitario, pero en el transcurso de esos cuatro años me fui saliendo de la página; y cuando terminé la carrera eso fue un problema, porque yo sabía perfectamente lo que quería hacer, pero mi universidad me había preparado para diseño gráfico.

¿Cómo enfrentó eso?
Me mudé a Nueva York. Tuve unas entrevistas, pero mi competencia era muy alta porque todos eran de diseño industrial, ya venían haciendo prácticas en eso y las mías siempre habían sido en diseño gráfico.

¡Preparé un portafolio desde cero! Me tomó dos meses. Empecé a hacer diseños como yo creía que se hacían. Me presenté con eso, pero nada. Así que me metí a hacer una última práctica en una compañía de accesorios para viajar (Flight001). ¡Es lo máximo esa tienda! Le vende a la sociedad más viajera, tiene cosas con diseños espectaculares. Ahí aprendí mucho: a diseñar productos según su función, no tanto por la estética; y como ves, mi línea es muy limpia. Ellos me enseñaron muchísimo. Ya después de eso, empecé a trabajar para diferentes clientes.

Si estaba trabajando allá para diferentes clientes, ¿por qué diseñó su propia marca?
Porque --otra vez-- me hice la pregunta: "¿Qué quiero para mí?". "¿Soy feliz?". Lo que me motivaba a quedarme allá era trabajar para los grandes diseñadores. Pero parte de mí estaba aquí... Nunca --en los 8 años (en EE.UU.)-- llegué a sentir que eso era todo lo que yo necesitaba. Mi casa era 50% allá y 50% acá. Allá me sentía igual de cómoda, pero acá estaban mi familia, mis amigos... y mi Perú, que me encanta... Hay tanto por explotar, que dije: "Tengo que estar ahí, tengo que hacer empresa ahí". Pero tampoco iba a regresar y ya. Aquí, mi puesto hubiera sido en el área de Compras de alguna de las tiendas por departamentos grandes, no diseñar. Entonces me inventé todo un concepto.

En su búsqueda, en el haber encontrado lo que quería hacer en la vida, el apoyo económico de sus padres ha sido vital. Está por abrir una segunda tienda, ¿eso será ya con la suya?
Esta tienda la puse con la mía y con la de ellos. La segunda sí es con la de ellos. Es un préstamo... Mi préstamo con ellos ha crecido.

Está endeudada hasta el cuello con ellos.
Sí. En verdad, sí. Pero no tengo miedo. Por eso no tuve miedo de volver a sentarme con ellos y explicarles que necesitaba invertir más para poder crecer.

¿Por qué no tiene miedo?
¡Es que creo tanto en esto!

No en vano la buscan marcas como Alfa Romeo, IBM o Vanidades para que les diseñe obsequios para sus clientes VIP.
Sí, pues. Me buscan: ¡he convencido a dos personas de que pongan plata!

Claro, sus socios inversionistas en Lole Bahe Conquistadores. Sin embargo, en un principio, cuando empezó como empresaria, usted era un desastre.
Sí. Empecé supergrande. Fue un gran error: tenía un taller, tienda y oficina. Tenía cinco duplas (de operarios) y un jefe de taller, una cosa exageradísima. Ahora tengo lo mínimo necesario: una dupla.

Golpe enseña.
En verdad, sí... Me lo decían incluso las personas con las que trabajaba. Tuve problemas hasta con las máquinas: compraba las equivocadas y las tenía que devolver... Se reían y me decían: "Hay que pagar por piso"... Aprendí.

Lima es una ciudad prejuiciosa y seguramente muchos dirán: ¡Ah, qué fácil, ella la está haciendo porque cuenta con todo el billete de sus papás! ¿Usted qué les respondería?
Al final, creo que es lo mismo, porque --es cierto-- tienes esa facilidad, pero tienes otras dificultades. Por ejemplo, no contar con el equipo ideal desde un comienzo. A las otras personas les puede costar contar con el dinero, pero van armando su equipo... Yo creo que todo se compensa.

LA FICHA
Nombre: Mariana Lengua Balbi Espinosa.
Colegio: San Silvestre.
Estudios: Diseñadora gráfica de la Escuela de Arte de Massachusetts con una especialización en armado de accesorios por el Fashion Institute of Technology de Nueva York.
Edad: 27 años.
Cargo: Dueña, diseñadora y gerenta general de Lole Bahe y accionista y diseñadora de Lole Bahe Conquistadores.

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