Por Patrick Espejo. Periodista
Hace unos días me crucé con Edwin Jiménez. El nombre puede sonar extraño para quienes no están metidos en el vóley. Él fue designado asistente de campo del brasileño José Francisco dos Santos, 'Chico', aquel que vino a asumir las riendas de la selección femenina de mayores, que las dirigió en la última Copa Panamericana y que salió corriendo del país asustado por el caos, el desorden y la falta de profesionalismo de un país que quiere ser campeón mundial, pero que invierte como si todos fuesen amateurs. Las preguntas eran inevitables. ¿Qué sabes de Chico? ¿Regresará al Perú? No miento si digo que se rio a carcajadas. "No sé nada de él", agregó.
El brasileño había pedido ciertas condiciones para regresar: canchas con una superficie acolchada que no termine dañando las rodillas de las jugadoras, un campo propio (nunca entendió cómo César Vértiz rechazó el coliseo que le había construido el IPD en la Videna), organización (¡qué difícil!), garantizar partidos internacionales (¡imposible!) y poder tener a las chicas a tiempo completo (¡algo superdifícil!).
Jiménez quedó con el plan de trabajo que hizo 'Chico', pero no lo ha podido poner en práctica. 'Chico' se fue, y siguiendo el ejemplo, las chicas también. De todo el grupo mayor solo queda en Lima Yulissa Zamudio.
Lejos 'Chico' y las chicas, no hay plan, organización, ni canchas. Por tanto, no hay selección. El vóley y su fiel hinchada piden a gritos un trabajo serio. Acuérdense de que los dirigentes pasan (al menos en teoría), pero la institución y el vóley son lo que quedan. Hagan algo por ellos, por favor.