LA CORRUPCIÓN EN EL IMAGINARIO POPULAR
Por Fernando Vivas. Periodista
Los políticos tienen una teoría para su resignación: las percepciones populares son hechos. No importa si se basan en documentos incontrastables o en equívocos. Si la gente lo cree, piña, pues. O sea, en el imaginario popular, las ratas se ratifican en cada audio, el 'Tío George' ya fue y a Luciana León se le derrumbó la Disneylandia política que le financió su papi.
Anclemos esta teoría de las percepciones populares en la historia reciente desde el 2000 hasta el 2008, nuestro año del chupón: la caída del fujimontesinismo dejó como secuela una generalizada desconfianza en las instituciones de la que aún no nos reponemos. Nadie se salvó de la descreencia y durante el toledismo hasta los periodistas empatamos en desaprobación con los otorongos. Sin embargo, sí hubo una confianza que quedó indemne y hasta se reforzó: la gente cree en los registros.
Me explico. Los peruanos desconfiamos de las maquinaciones humanas, pero no de las máquinas que registran la realidad humana. Fueron 'vladivideos' sin editar, exhibidos en la TV, los que desmontaron a la gran mafia del engaño. Eso nos marcó. Por eso, hasta hoy, los noticieros, con notas más o menos en bruto, gozan de más ráting que los elaborados reportajes dominicales. Por eso, un ampay vale más que mil dimes y diretes. Por eso, las evidencias de una foto o audio procaz aplastan en credibilidad a la más sabia e ilustrada maledicencia y desbordan los cálculos de sus eventuales manipuladores.
Poco importa, en la lectura popular, quién es el autor de registro y difusión. Total, fue el propio titiritero del infierno, Montesinos, quien registró las pruebas que lo desgraciaron y nos abrió los ojos. Esa ironía histórica también nos marcó de tal forma que nos ahorra disquisiciones sobre a quién hay que perseguir con más ahínco, si al corrupto o al 'chuponeador'. Para un pueblo indignado, es al primero.
Mucha gente sabe o intuye que las fuentes de los audios son interesadas e ilícitas, y a ellas, como a los pillados in fraganti, también dedica su desconfianza. Se repite el patrón: se desconfía de los humanos, pero no de cámaras y grabadoras y de los hechos que registran. Lección espectacular: Magaly está presa por fabular sobre una foto auténtica de Paolo Guerrero.
Por supuesto, si queda establecido que un audio o video es falso, habrá una pequeña crisis de desconcierto, pero luego se renovará el recelo en la manipulación humana a la vez que la confianza en que los hechos grabados son el fondo de la cuestión. Negarlos, como hacen algunos pillados, es escupir al cielo.