Edición impresa

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook

PUNTO DE VISTA

Ahora es mi problema

Por Gustavo Rodríguez. Escritor y comunicador*

Una mañana en Burkina Faso, dos lagartijas empezaron a pelear por un insecto. Un perro que pasaba intentó separarlas, pero ellas estaban tan metidas en su gresca que incluso lo golpearon cuando lo intentó. El perro, entonces, acudió a su amigo el gallo para que le ayudara a distanciarlas. El emplumado le contestó: "dos lagartijas que pelean no son mi problema".

El perro siguió buscando ayuda, y así fue como encontró al buey. El bovino mugió: "dos lagartijas peleando no son mi problema. Cada uno con lo suyo".

Entre tanto, la riña ya se había tornado endemoniada. El perro fue corriendo a pedirle ayuda al burro, y seguramente usted adivina lo que respondió: "dos lagartijas peleando no son mi problema. Lo que no veo, ni escucho, ni me toca, no es mi problema".

Para ese momento, las lagartijas enloquecidas se habían subido al techo de paja de una casa. Parte del techo cedió ante su ímpetu y cayó sobre una anciana que estaba preparando sopa sobre leña encendida. La abuela cayó paralizada por el susto y la paja caída alimentó más al fuego, con lo cual la abuela murió quemada. Al notar el incendio, la gente del pueblo fue a buscar al burro, lo cargaron con unos enormes baldes de agua y lo fustigaron para llegar rápidamente a apagar el fuego. Después, vino el entierro de la abuela. En aquel lugar los funerales de un anciano resultaban ser una fiesta de tres semanas. Se buscaron músicos, bailarines y se preparó mucha comida. El dueño del gallo lo cedió para la comilona. Y lo mismo hizo la dueña del buey. El perro, entonces, fue a buscar al burro y le dijo: "el gallo se murió, el buey se murió, y a ti te duele la espalda de tanto cargar agua. ¿Era o no su problema?".

Este es uno de los cuentos favoritos de Alesia y Maira, mis hijas mayores, quienes una vez se lo escucharon a François Vallaeys, aquel narrador oral tan querido. Todos estos años le di las interpretaciones más evidentes: que la acción más pequeña del miembro de una comunidad puede repercutir en los demás. O que los problemas de la minoría también son los de la mayoría. Sin embargo, en estas últimas semanas esta lectura se me ha ampliado. La aldea africana que narraba Vallaeays aparece ante mis ojos como la aldea global en que ahora vivimos. Ya no son lagartijas las que se pelean por un insecto: son banqueros norteamericanos que pelean por un mercado hipotecario de manera irresponsable, otorgándoles créditos a personas que no tienen cómo pagarlos, llevando la cadena de acontecimientos al cataclismo económico en el que todos estamos pagando los platos rotos. Lo mismo podría decir de los bribones que buscaban usar sus influencias en nuestras empresas del petróleo para llevar dinero a sus bolsillos. Su codicia ha llevado a ver mis pequeñas inversiones en franco retroceso y a notar a mis clientes inquietos por la última crisis política. Lo que se inició como la codicia de unos cuantos empresarios alejados de mi entorno, terminó siendo mi problema. Y también el suyo. En estos tiempos globales, cada vez que un funcionario público o privado se enfrenta a una tentación, también se enfrenta a la posibilidad de ser el epicentro de una crisis que lo trascienda. Grabémonos estas consecuencias expansivas si es que alguna vez nos tienta el dinero fácil. O cuando nos provoque hacernos los locos cuando alguien que conocemos realiza malas prácticas

* WWW.TORONJA.COM.PE

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook