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LOS HINCHAS ARGENTINOS, EN UN 60%, NO ACEPTAN SU LLAMADO

El ídolo en el banquillo

Los pros y los contras de tener a Diego Armando Maradona como entrenador de la selección de Argentina

Por Jorge Barraza

Es de esas bombas que paran las rotativas: Maradona... técnico de la selección argentina. La noticia fue tapa o encabezado de página en todo el planeta. El universo del fútbol reaccionó conmocionado e hizo explotar Internet. A escasos minutos de conocerse la noticia, el portal digital de "La Nación" (no es el más futbolero de los medios porteños) registraba 662 correos de lectores. Luego sumaron miles.

La especie tiene diversas lecturas y es deliciosa para analizar.

En contra. La mayoría de los mensajes tuvo un alto contenido negativo y estaba abiertamente en contra de la designación, lo que revela que no toda la Argentina se rinde a los pies del astro, como se piensa en el exterior. Una enorme porción del país (acaso el más futbolizado del mundo) genera anticuerpos ante muchas de sus apariciones y declaraciones explosivas.

Felices a medias. Maradona tiene, no obstante y como es lógico, una feligresía incondicional en la Argentina, digamos del 50 por ciento. Lo notable es que aun en el segmento de sus adoradores hubo reparos respecto del nombramiento.

Estupor. Pese a que se barajaba el nombre de Diego, la reacción internacional fue de perplejidad: "¿Maradona? ¿Están locos?". La ponderación está basada en que no se trata de una selección más: Argentina es una camiseta pesada bordada de gloria. Ser el técnico absoluto implica una enorme responsabilidad.

Dudas. El asombro no responde a su sentido analítico del juego (que es bueno) sino a las dudas por su comportamiento como conductor de grupos. La racionalidad de millones se pregunta si será capaz de cumplir con los horarios que él mismo fije, si predicará con el ejemplo, si sabrá programar. Algo está claro: Maradona no puede ordenar una práctica a las 8:30 de la mañana y llegar a las diez. Quería el puesto, lo tiene y debe asumir el privilegio de formar el equipo y la obligación de honrarlo.

Justicia. Sin embargo, el sitio que tanto reclamó finalmente es suyo. Y si debemos ser justos, nadie lo merece más. Hay un punto innegable: ninguno dio tanto lustre al equipo nacional.

Equipo. Hay conciencia de la inmensa carga laboral que implica una selección y del grado de responsabilidad que exige. Lo rodeará un nutrido equipo de trabajo: Bilardo para la planificación, tal vez Pedro Troglio para asistirlo en el campo y armar los entrenamientos, entre otros. Pero, astutamente, Diego aclaró de movida: "El equipo lo formo yo".

A favor. Maradona está repuesto de su mal, ve brillantemente el fútbol, es inteligente y gusta del buen fútbol, ofensivo sobre todo. Es un hombre audaz. No imaginamos una selección timorata. Por otra parte, hay que respetar la colosal ilusión de Diego. Y hay un hecho indiscutible: a la Argentina nunca le falló. Con deslices y problemas, cuando tuvo que representar la celeste y blanca, puso el alma.

Respuesta. Los resquemores acerca de que la figura de Diego pudiera achicar a los jugadores parecen ridículos. No imaginamos a Messi, a su yerno Agüero, a Mascherano y compañía acomplejarse por el DT, y menos restarle su apoyo. Su sola presencia en el vestuario es un factor motivador.

Somos contemporáneos de un fenómeno mediático excepcional: Maradona. Con Diego entrenador nace una era que derramará miles de noticias, opiniones, rumores, polémicas. Más allá de las aprensiones lógicas, nos sumamos a la ilusión de ver un equipo digno, de pelota al pie, que va hacia adelante, que regala fútbol y con Maradona a un costado, circunspecto, de impecable saco y corbata.

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