Por Francisco Melgar Wong
La ansiedad ha terminado
Jamás sabremos las razones que llevaron a David Foster Wallace a quitarse la vida el pasado 12 de setiembre, lo cual puede tomarse como una verdadera bendición, especialmente en esta época obsesionada con desnudar mediáticamente la privacidad de las personas. De todas formas, su suicidio ahora planea sobre su obra, iluminándola o, más bien, proyectando un misterioso juego de sombras sobre ella. Veamos. Poco después de su muerte, amigos y familiares hablaron de la depresión crónica que lo afectaba desde hace varios años, pero ese es un hecho que sus lectores ya podían percibir en sus ficciones y que, de alguna manera, pudo haber sido el motor definitivo de su estilo. Como prueba tenemos este libro, repleto de compulsivas notas a pie de página (que a menudo contradicen con frialdad todo lo que Foster ha tratado de decirnos), o esas repetitivas descripciones de los escenarios de sus historias, descripciones maníacas que en lugar de delinear mejor los contornos y los detalles del relato los hacen cada vez más borrosos y trágicamente irreales. Quizás eso que Jonathan Franzen definió como "la mayor fuerza retórica de la narrativa estadounidense contemporánea" no haya sido más que el síntoma palpable de la ansiosa tristeza que llevaba dentro. Si fue así, que haya tenido el valor de dejar constancia de ella en forma de alta literatura no hace sino confirmar el enorme talento y la intensa generosidad de este escritor que decidió apagar la luz para que todos lo extrañemos.
La canción del inmigrante
"Paseador de perros" es una novela escrita por el peruano Sergio Galarza que explora las dificultades que atraviesa un inmigrante peruano cuando, al igual que el escritor, llega a España en un "peregrinaje por la ruta de los anhelos". La historia del narrador avanza entre su relación con una joven llamada Laura Song y su trabajo diario como paseador de perros. La novela está escrita con un lenguaje similar al que Galarza nos ofreció en sus primeros relatos: directo, despojado y con un constante uso de términos relacionados con la música pop y el cine ; la diferencia está en una nueva ambición narrativa (con más personajes e historias) y en la necesidad de contar una historia que poco o nada tiene que ver con esos aprendices de faite que habitaban las narraciones que nos entregó en los 90. Parece un nuevo comienzo.
El barrio del desencanto
La sexta novela de la escritora inglesa Rachel Cusk se desarrolla en el barrio residencial de Arlington Park, durante un solo día de recia e incontrolable lluvia. Las protagonistas del libro, Sara, Juliet, Christine, Stephanie y Maisie, son un grupo de mujeres que se sienten atrapadas por la vida familiar que llevan al lado de sus esposos e hijos en las cómodas casas de Arlington Park. Ninguna de ellas sabe cómo escapar del tedio de la vida cotidiana y las preguntas que se hacen en silencio mientras llevan a cabo sus tareas cotidianas son las señales invisibles del desencanto que respiran. Según Cusk,el nombre de Arlington Park no hace referencia a ningún lugar real, y lo eligió porque era un nombre típico de los barrios de clase media en la época victoriana.