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ENTREVISTA. LUIS ALVA TALLEDO

Aplausos antes que palabras

UNO DE LOS MÁS GRANDES TENORES Y PROMOTORES DE LA ÓPERA EN EL PERÚ SE DESPIDE DE LA VIDA ARTÍSTICA AL FRENTE DE LA ÚLTIMA TEMPORADA DE ÓPERA DE PROLÍRICA

Por Alberto Revoredo

Sospecho que es de las personas que cuentan la misma historia varias veces, pero Luis Alva lo hace tan amenamente que uno no puede evitar quedarse callado para dejar que la vuelva a contar. Sus recuerdos tienen la precisión de un reloj suizo y sus brazos se mueven cual manecillas: con uno se acomoda los anteojos y con el otro escudriña un legajo donde atesora papeles y fotos rigurosamente ordenadas. Quizás la meticulosidad sea el rasgo que más resalte de su fugaz romance juvenil con la Marina de Guerra. Sin embargo, su verdadero amor fue la música, con la que se casó en 1955, luego de años de sincera adoración. La ceremonia fue oficiada en el teatro de la Piccola Scala de Milán, donde actuó en la ópera "El matrimonio secreto". Desde entonces, su carrera fue en ascenso, llegando a ser considerado uno de los tenores líricos ligeros más importantes de su generación.

El maestro Luis Alva, condecorado con la Orden El Sol en grado de Gran Oficial en el 2000, dice tener 81 años, pero al ver su temple y energía cuesta creerle. En Lima, como productor de la última temporada de Prolírica, que concluirá con la ópera "Madama Butterfly"; el tenor peruano no puede evitar ocultar la tristeza que le produce ponerle fin a esta historia. Son décadas de esfuerzo al frente de las temporadas de ópera en nuestro país. Esta temporada final contempla un concierto de despedida en su homenaje, que se realizará en el Teatro Segura el 11 de noviembre a las 7:30 p.m.

¿Qué va a pasar con Prolírica?.
No existirá más. Yo me retiro con nombre y apellido, soy Lucho Alva Talledo Prolírica, es decir, me llevo todo (risas).

¿Realmente quiere acabar con esta historia?
Yo creo que todo en la vida tiene un ciclo. Pienso que he hecho bastante y no se puede hacer nada cuando el calendario camina. Veo con gusto que han surgido nuevas iniciativas, esa es una gran satisfacción para mí, porque quiere decir que hemos sembrado en buen terreno. Es mejor que sigan adelante los otros.

¿Ya sabe qué hará con el tiempo que le dedicaba a Prolírica?
Yo tengo muchas actividades, soy docente en la Escuela de la Academia de Canto de La Scala de Milán hace más de 12 años, desde la creación de ese centro. Además, participo en concursos internacionales como jurado; últimamente he estado en San Petesburgo, y Sulmona. Ahora mismo, por ejemplo, después de terminar aquí tengo que ir a Bilbao.

¿Nos puede contar la historia del 'kindergarten' otra vez?
Fue en el 'kindergarten' del colegio Anglo-Peruano. Allí se despertó mi primer contacto con el público, tenía 6 años. Yo era un poco palomilla y Miss Miller me dijo: "Lucho, shut up" ("Cállate"). Cuando se dio media vuelta me puse a cantar "Silencio en la noche". Entonces volteó otra vez y gritó: "Lucho shut up and stand up on the table" ("Cállate y párate en la mesa"). Obedecí, pero cuando se dio vuelta me puse a cantar el mismo tema. Como castigo, la profesora ordenó que ese año cantara la canción completa en la velada de fin de año. Es una canción muy larga, parece un ópera de Wagner, y no me quedó más que aprenderme las seis estrofas.

¿A esa edad ya imaginaba que dedicaría su vida a la música?
No, para nada, pero cuando hice toda mi instrucción en el colegio La Salle, cantaba en el coro y en todas las veladas del año estaba fijo. A una de esas funciones acudió el ministro de Educación, el general Mendoza, y me dio una beca para el Conservatorio Nacional. Pero yo estaba muy chico, y para que la voz se perfeccione hay que tener cierta edad. Entonces usé esa beca para estudiar piano y música, lo que me fue muy útil para el futuro.

Más adelante vino la Escuela Naval. ¿El arte y la milicia no fueron antagónicos?
La primera vez que me presenté a la Escuela Naval no agarré vacante, así que me fui a la Escuela Técnica de la Armada, donde ingresé como marinero simple. Después de un año salí de cabo de primera electricista. Me volví a presentar a la Escuela de Cadetes y entré en el quinto puesto. Era el año de 1946 y durante el tiempo que estuve en la Marina nunca dejé de cantar.

Hasta que llegó su famoso encuentro con doña Rosa Mercedes Ayarza...
Ella era la infatigable animadora del ambiente musical de Lima, escribía pregones. Un día llegué a su casa a través de un amigo de mi padre, quedaba en el jirón Moquegua. Me presenté, ella se sentó al piano y yo canté. Cuando terminé se levantó, cerró el piano y me dijo, apuntándome con el dedo: "Hijito, tu futuro no está en la Marina, está en tu voz".

¿Qué hizo cuando dejó la Marina?
Hacía 'jingles' y comencé a cantar en la radio. Un día llegó a una de mis audiciones un maestro italiano invitado por el Gobierno. Estaba preparando "I Pagliacci", de Leoncavallo, y quería que yo participara. Me preparé y debuté en el Teatro Municipal como arlequín. De ahí fuimos a Arequipa con "La Traviata".

Y entonces todo estuvo claro...
Ya me gustaba. Se abrió un concurso en Lima y en las capitales latinoamericanas. El premio era un año de estudios en la academia de canto de La Scala de Milán. Me presenté, pero no gané. Decidí entonces ir a Italia por mi cuenta. Allí busqué un maestro de canto. Hice algunos trabajos cantando y me presenté a un concurso que se hace cada año en Milán en busca de voces nuevas, que justamente era para "La Traviata". Gané y canté en el Teatro Nuovo de Milán, a solo un año de estar allá. Al finalizar una de las funciones se me acercó un señor anciano de sombrero y bastón, Julio Confalonieri, director de la escuela de canto de La Scala y me dijo que tenían un grupo que se llamaba Los Cadetes de La Scala y que buscaban una voz como la mía. Así que el cadete continuaba siendo cadete, y el premio que perdí en Lima me llegó allá. Luego inauguraron un nuevo teatro, La Piccola Scala, con "Il Matrimonio Secreto". Terminando el estreno tocó la puerta de mi camarín el director de la orquesta de "Il Barbiere di Siviglia", que se iba a hacer el 16 de febrero del 1956 en La Scala con María Callas. Tuve mucha suerte.

¿Considera que ese fue su principal logro?
Bueno, definitivamente haber alternado con María Callas ha sido una de las cosas más importantes de mi carrera.

¿Qué tanto llegaron a intimar?
No fue una amistad íntima en el sentido social, pero como colegas nos hemos encontrado varias veces. Era una persona muy profesional. Se dice de ella que era una diva, difícil, caprichosa; yo más bien la he conocido en otro aspecto y la admiraba por eso justamente. Si el ensayo era a las 11 de la mañana ella iba a las 10, se sentaba al piano y preparaba el órgano vocal, y se molestaba con la gente que llegaba tarde.

¿Que opina de la forma como se aplican las políticas culturales en el país?
Van a paso lento. Creo que en cultura, especialmente en el campo musical, podría hacerse mucho más. Hay ambiente y público, pero hay que darle el impulso necesario. En todas partes donde hay apoyo oficial las cosas van mejor.

Con la experiencia que tiene, ¿cuál diría que es la medida más urgente en ese aspecto?
Enseñar música en los colegios, desde pequeños. Pero no como una cosa pesada, sino como un juego, para que poco a poco se genere interés en los chicos y así puedan pegar el salto al conservatorio.

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