Por Rocío La Rosa Vásquez
"El pueblo lo hizo" era la etiqueta que ponía el ex presidente Fernando Belaunde a las obras que concluía con activa participación de la población, a la que siempre recordaba que era "la hora de la acción" y de mirar "¡adelante!".
Al inicio de su segundo mandato en 1980, muy entusiasmado ofrecía a los peruanos: "¡Este pecho, es tu pecho! ¡Esta banda, es tu banda!". Cinco años después bajó al llano despidiéndose con un: "Más cerca de ti, mi pueblo".
Alan García lo sucedió en el cargo y en su primer gobierno llevó a la política frases como: "El que no la debe no la teme". Según la lingüista Martha Hildebrandt, no fue el primero en decirla.
Y como para dejar sentado que no la tuvo fácil, García dijo en 1985: "Una cosa es desear y soñar, y otra, gobernar y administrar". Años después volvió a escena consciente de que su nefasto primer mandato sería su talón de Aquiles. "Tengo un compromiso histórico con Víctor Raúl Haya de la Torre. Ya no les fallaré", prometió en la última campaña.
En esa jornada electoral le dio el calificativo de "candidata de los ricos" a su rival Lourdes Flores Nano (PPC). Hace poco esta le devolvió el dardo llamándolo "presidente de los ricos".
"¡DÉJENME TRABAJAR"!
En 1992 el ex presidente Alberto Fujimori tomó por asalto los televisores para comunicarnos que había decidido "¡disolver!" temporalmente el Congreso.
No fue el primer sobresalto de su primer mandato. Dos años antes su ministro de Economía, Juan Carlos Hurtado, también frente a la pantalla imploraba: "Que Dios nos ayude" luego de anunciar el 'fujishock'.
Cómo olvidar las frases de Alejandro Toledo, quien jamás se cansó de recordar su origen humilde. En una ocasión graficó su historia de éxito, en CNN, con: "Soy un error estadístico".
"Déjenme trabajar", respondía a las críticas. En sus discursos tampoco faltaron su "que quede claro" y "punto de quiebre". Y cada vez que la gente le pedía obras o le recordaba aquellas que había incumplido, él se defendía con un enfático: "Ya he dado instrucciones a mis ministros".
Otra inolvidable, pero no suya sino de su primer vicepresidente, Raúl Diez Canseco, fue aquella con la que quiso defenderse de supuestamente haber favorecido al padre de su novia. "Resulta que ahora tener sentimientos, querer o dejar de querer es un pecado". De colección.
Para el libro también quedaron: "¡Los viejos a la tumba, los jóvenes a la obra!" y "El Perú, es un organismo enfermo; donde se aplica el dedo, brota la pus", del pensador Manuel González Prada. Y del dictador Manuel Odría: "La democracia no se come" y "hechos y no palabras".
A propósito de dictadores, también estuvieron las atribuidas a terceros, como aquella que proclamara Juan Velasco Alvarado en uno de sus mensajes: "Al hombre de la tierra ahora le podemos decir en la voz inmortal y libertaria de Túpac Amaru: '¡Campesino, el patrón ya no comerá más de tu pobreza!'".
El historiador Héctor López Martínez asegura que no hay prueba de que estas palabras hayan salido de labios del cacique.
Pruebas sí hemos tenido de "faenón", "aceitar" y "honorarios de éxito" de la colección 'petroaudios', cortesía de Alberto Quimper y Rómulo León Alegría.
Del por qué estas frases calan en la gente, el psicoanalista y autor de "Habla jugador", Julio Hevia, anota que "a falta de cultura escrita en el país, es lo oral y visible", y ahora audible, lo que se deposita en la memoria. Esto se complementa con la habilidad del autor, el impacto colectivo, y una dosis de humor y ludismo.
Caso contrario no terminarían en un libreto de programa cómico. Y eso también pasa por nuestra tendencia a 'desproblematizar' las cosas.