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Visitantes de primer nivel

Por José Quezada Macchiavello

La oferta de conciertos y recitales que presentan las organizaciones privadas en nuestro medio es bastante significativa y constituye lo medular de la difusión musical.

Es interesante constatar cómo, a pesar de que el Estado hace poco o mejor dicho, casi nada, por elevar el nivel de calidad de la música como de la difusión artística en general, el esfuerzo privado sustenta un desarrollo real. Quizás esto deba ser así, pero habría que exigirle al Estado que entienda que dejó de ser el árbitro y protagonista de la gestión cultural y que se exima, al menos, de iniciativas soberbias, como definir políticas sin consultar con los gestores reales de la cultura, o peor, intentar competir con los privados.

Como ocurre en muchos países, los mejores artistas provenientes del exterior se presentan en Lima por iniciativa de instituciones privadas. Estas son, especialmente, la Sociedad Filarmónica y TQ Producciones. Recientemente, ambas han presentado recitales con visitantes de primer nivel.

La Sociedad Filarmónica presentó a los Solistas de Cámara de Salzburgo, orquesta integrada especialmente por músicos jóvenes, bajo la dirección de su concertino Lavard Skou Larsen.

La obertura de "La clemenza di Tito", la última ópera de Mozart, en versión solo para cuerdas de Sigismund Neeukomm, abrió el concierto con una ejecución quizá excesivamente briosa. Siguió el Concierto Nº 3 para corno y orquesta de W.A. Mozart con un excelente solista, Wilhelm Schawaiger, primer corno de la orquesta del Mozarteum. La ejecución en general fue inobjetable. A continuación escuchamos la Sonata Nº 3 para cuerdas de Rossini, obra temprana, brillante y de gran finura, cuya interpretación creo que fue lo mejor del programa. Se escuchó luego el Concierto para Corno Alpino y orquesta de Mozart padre. Ciertamente, el enorme instrumento folclórico y el ejecutante con traje típico llamaron gratamente la atención, aunque el interés de la obra en sí es escaso.

Abriendo la segunda parte ofrecieron las variaciones sobre un tema de Tchaikovsky de Anton Arenski, una obra desigual, aunque inspirada. El Divertimento para cuerdas de Bartók, partitura que sin duda es una de las más importantes para orquesta de cuerda entre las compuestas en el siglo XX, cerró la audición en una impecable ejecución. 'Encores' de Piazzola y Ennio Morricone pusieron en evidencia la gran versatilidad de la orquesta.

Por su parte, TQ Producciones presentó Jennifer Koh, una de las mejores violinistas del planeta en la actualidad. Escuchamos una versión sencillamente magnífica bajo todo punto de vista (técnico e interpretativo) de la Partita Nº 2 para violín solo de Bach (la culmina con la famosa la Chacona). A continuación, una versión de gran estilo de la Sonata Nº 2 para violín y piano Op 100 de Johannes Brahms, que puso en evidencia que, más allá de su virtuosismo extremo, Jennifer Koh es una intérprete con profundidad. El recital concluyó con la Sonata Nº 1 para violín y piano de Béla Bartók, en una versión sencillamente electrizante que creo que muy pocos violinistas del mundo podrían ejecutar así, con un despliegue de energía, expresión y técnica al extremo de lo imaginable.

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