A PROPÓSITO DE LA PROPUESTA DE SARKOZY
Por Virgilio Levaggi. Analista
Para quienes circulamos por las main streets de Estados Unidos y del mundo, para los ciudadanos de a pie, las cosas no van a ir mejor en las próximas semanas.
La obtención del premio Nobel de Economía por Paul Krugman, pensador neokeynesiano y columnista de "The New York Times", es un signo de estos tiempos en los que el viejo orden --caracterizado por el pensamiento de que los mercados no pueden cometer errores y que en economía los gobiernos no aciertan-- muere.
En esta misma sección, Julio Sanguinetti escribió que "como siempre, todos miran al Estado cuando las papas queman. Confirmando la historia, en el terror del naufragio económico, que las soluciones políticas manejadas por los estados son los únicos salvavidas disponibles". Basta ver la estatización de empresas financieras.
Sin embargo, lo ideal no es que el péndulo vuelva en América Latina a situaciones que no beneficiaron a las mayorías.
Si se quiere evitar repetir los errores cometidos es indispensable entender que no bastan medidas financieras ni siquiera sensatas políticas socioeconómicas. Se necesita una intervención desde los valores.
Hay una iniciativa del presidente Sarkozy que no debe perderse de vista: propone refundar sobre bases éticas el capitalismo y para ello convocará una cumbre de líderes mundiales. Suponemos que no participarán únicamente los del G-7. Más aun el dinero fresco que se necesita está, por el momento, más cerca de las economías emergentes. Tampoco bastan los organismos de Bretton Woods si se quieren respuestas que privilegien a la gente, al desarrollo con trabajo decente para todos.
Es conocida la simpatía intelectual que existe entre el jefe del Estado Francés laico y Benedicto XVI. A la luz de la mencionada iniciativa del presidente Sarkozy resulta pertinente recordar unas ideas del cardenal Ratzinger respecto de la cuestión que hoy preocupa al mundo: economía y responsabilidad moral. En 1986, antes de la caída del Muro de Berlín, se preguntaba: ¿Se puede aceptar sin más que la actividad económica se rige por leyes inmutables del mercado o de la historia? El actual Papa señalaba: "Una política económica, que no solo sirva al bien de un grupo, que no solo pretenda el bien de un Estado particular, sino el bien común de la familia humana universal, requiere un máximo de disciplina ética [...]. Lo que necesitamos hoy es un máximo de pericia económica, pero también un máximo de ethos para hacer que la pericia económica se ponga al servicio de los fines justos, y para lograr que el conocimiento del fin sea políticamente realizable y socialmente aceptable".
Hace poco Bernardo Klisberg recordaba que Adam Smith, padre de la economía clásica, señaló que "los mercados debían estar regidos por valores éticos como la honradez, la prudencia, la transparencia y la confianza mutua. De lo contrario podían funcionar muy mal. Vacíos éticos están en la base de la crisis en desarrollo".
La respuesta ética no se agota en reducir los bonos de los administradores de las multinacionales. Se necesitan propuestas que orienten la gestión pública, así como las iniciativas privadas productivas hacia metas dignificadoras, hacia objetivos de crecimiento económico con justicia social sin caer en desequilibrios macroeconómicos que castiguen a los que menos tienen.
Hay que comenzar de nuevo sobre bases sólidas, porque los mercados solo funcionarán a favor de la gente si se fundan en un consenso moral que no excluya la libertad ética del acontecer económico.