Por: Gonzalo Rojas Samanez. Periodista
Contra lo que muchas veces se nos ha inculcado, la economía y la sociedad están demostrando ser más sanas y robustas que la política. Se han verificado mejoras en ambos campos pero casi siempre han ocurrido a pesar o a contramano de lo que nuestra clase política quiso o pudo hacer. En todo caso, el descrédito, la degradación de la política hasta niveles de peligrosa impopularidad, no es obra de los periodistas que somos apenas los mensajeros.
Con buena o mala intención, lo que ha aportado el enfoque centrado en lo político ha sido retroceso, cuando no empobrecimiento y violencia. Cuando no se considera el aspecto de integración o de armonía, y solo la desintegración y la lucha, propias de la naturaleza agonal de lo político en la definición de Duverger, lo único que se consigue es más decibeles en la confrontación.
Ese país llamado "emergente", pujante, laborioso, hecho por gente común y corriente, que haya o no 'vladivideos' o 'petroaudios', se levanta muy temprano para ir a trabajar (Chacalón dixit), ha sido mal conceptualizado o poco comprendido. Por ejemplo, la polarización entre empresas, comunidades y transnacionales, entre pobres campesinos supuestamente acogotados por los imperialistas, no pasa de ser una reducción que solo sirve para empeorar las cosas.
Ese sector emergente debe incluir no solo a los informales limeños, o a los legendarios Añaños, también lo integran empresarios que empezaron como pequeños o medianos, dando servicios a las grandes corporaciones y ahora son Grupos Empresariales con mayúsculas. Ellos han cambiado, pero también las corporaciones han debido modificar sus modos de aproximación a la realidad local.
No basta con aliarse a un sector o cumplir la legislación. En la medida en que el Estado no existe como intermediario, hay que dialogar directamente con quienes realmente representan a esos sectores emergentes.
Es evidente que los cuellos de botella locales para seguir subiendo, para no salir despedidos del 'fast track' en el que hemos entrado, no están solo en el terreno económico, al contrario.
No es que estemos en el mejor de los mundos, pero si seguimos creciendo las posibilidades de ir atendiendo las demandas sociales se incrementan. No. La inestabilidad viene desde la política.
El sistema político vigente está viciado en su diseño. Necesitamos reformas que hagan del Parlamento una auténtica instancia de representación popular, cambios en el esquema de regionalización, poner el pie en el acelerador de la democracia, aprovechar la diversidad que es uno de nuestros mejores recursos y las nuevas tecnologías...
El problema está en que son los políticos los que tendrían que liderar un proceso en el que ellos mismos pueden resultar 'perjudicados' en lo inmediato. ¿Quién le pone el cascabel al gato?