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Para capear la recesión

Rincón del autor. Si el resto del mundo gasta menos en el Perú, lo más sensato es compensar gastando más nosotros mismos, idealmente en inversiones

Por: Richard Webb.

En buena hora y aprovechando la concurrencia empresarial de la CADE, el presidente García; el presidente del Consejo de Ministros, Yehude Simon; y el ministro de Economía y Finanzas, Luis Valdivieso, coincidieron en expresar el compromiso del Gobierno con mantener la continuidad del crecimiento económico del país. La recesión mundial viene fuerte. Alan Greenspan habla de un tsunami financiero. Nadie puede predecir cuán fuerte o cuán larga será la recesión, pero todo indica que nos afectará. En los países más desarrollados la población está sufriendo la desaparición de sus ahorros invertidos en casas, fondos de pensión y la bolsa, y la reacción ante ese repentino y masivo empobrecimiento es ajustarse el cinturón. Pasarán algunos años antes de que la situación se normalice, y entretanto nos pagarán menos por nuestras exportaciones, harán menos turismo y recibiremos menos remesas y menos inversión extranjera.

Si el resto del mundo gasta menos en el Perú, lo más sensato es compensar gastando más nosotros mismos, idealmente en inversiones. Se trata de la política keynesiana para evitar el desempleo, y es la opción que vienen siguiendo otros países, incluido EE.UU., con la aprobación del FMI. Para el Gobierno es fácil aumentar la inversión pública -- el déficit de infraestructura es enorme. El verdadero reto está en el gasto de consumidores y empresarios. Un obstáculo a vencer es el temor de los bancos, que empiezan a elevar tasas de interés y a prestar más lentamente. También en muchas empresas han surgido dudas acerca del futuro y se ha decidido postergar proyectos de expansión. De allí la importancia del mensaje del Gobierno en la CADE, que debe servir para tranquilizar y recuperar la confianza en la continuidad de una economía dinámica.

Simplemente gastar más es una receta para pasar una emergencia, pero no para el desarrollo. En este momento nos ayudará a atenuar el bache, aprovechando los colchones financieros del BCR y del superávit fiscal. Pero el crecimiento sostenido económico requiere de una exportación pujante, de más ahorro y estabilidad de precios. Los dólares no lloverán tan fácilmente en el futuro. La crisis hará que la competitividad se vuelva más importante que nunca, incluyendo no solo mejores condiciones para hacer negocios, sino un dólar más caro. También el BCR tendrá que hilar fino para no encallar ni en recesión ni en inflación. Pero, al final, el ingrediente más poderoso será la confianza. Recordemos las palabras más famosas del presidente Roosevelt: "A lo único que hay que temer es al temor en sí mismo".

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