Por Carlos Novoa Shuña
Una de las principales acusaciones que soportó George W. Bush durante sus ocho años de mandato fue su desconocimiento sobre la realidad en el Medio Oriente. Los atentados del 11 de setiembre del 2001 marcaron un punto de inflexión en la política de seguridad de Estados Unidos. La estrategia diseñada desde el Departamento de Defensa marcó la pauta de lo que serían las guerras en Afganistán e Iraq, en los años 2001 y 2003. A ello, el conflicto israelí-palestino suma otro componente importante en la visión de la política exterior del Gobierno de Estados Unidos.
Es en este contexto que el Medio Oriente ha cobrado particular importancia en estas elecciones. De hecho, en los debates entre el demócrata Barack Obama y el republicano John McCain la polémica sobre qué hacer con Iraq, Irán o con los palestinos fue motivo de discusiones antagónicas.
¿Qué cambiará en la política de EE.UU. en torno al Medio Oriente si Barack Obama triunfa? Lo primero será definir lo que se hará con Iraq, aquella aventura malhadada que el electorado estadounidense exige terminar. Obama ya ha dicho que de ganar ordenaría el retiro en 16 meses de Iraq, pero reforzaría la presencia militar en Afganistán.
Un tema pasa por el enfrentamiento contra los fundamentalistas musulmanes que tienen su máxima expresión en el terrorismo de Al Qaeda. Este es, precisamente, el foco de atención al que apuntan las fuerzas de EE.UU. El problema es que este enfoque ha ubicado a todo el mundo árabe en un mismo saco, sin deslindar responsabilidades y, por lo tanto, perdiendo la posibilidad de enfocar una estrategia antifundamentalista desde una perspectiva de acercamiento.
"Es esencial acabar con esto para acometer otros objetivos estratégicos, comenzando por Afganistán y Pakistán, donde los talibanes están ganando fuerza y Al Qaeda ha encontrado su santuario. Iraq no es el frente principal en la lucha contra el terrorismo, y nunca lo ha sido", sostuvo Barack Obama en una entrevista con "The New York Times".
Es decir, Obama enfocaría su estrategia en Afganistán y Pakistán con la finalidad de centrar la búsqueda de Osama Bin Laden y resquebrajar el poder de los talibanes que se ubican en la frontera entre ambos países.
PALESTINA: TEMA PENDIENTE
Otro de los temas que el nuevo presidente de EE.UU. deberá afrontar en sus primeros meses de gobierno será, sin duda, su posición ante el conflicto israelí-palestino, el eje central de los problemas en el Medio Oriente.
Durante la campaña, Obama tuvo que enfrentar el asunto en dos frentes. Primero, el candidato demócrata soportó los embates de sus rivales republicanos debido al origen de su segundo nombre, Hussein, al que se trató de asociar con movimientos fundamentalistas islámicos.
En segundo término, Obama, en plena campaña, tomó una posición favorable hacia Israel. Esto se debió más a cuestiones de forma que de fondo. Es decir, el Obama candidato no podía darse el lujo de acentuar un discurso propalestino en detrimento de los judíos de EE.UU., una fuerza económica, política y social de muchísima presión en el país.
En términos reales, el próximo presidente tendrá que buscar una solución de fondo al tema entre israelíes y palestinos. Está claro que sin el empuje de Washington, no hay posibilidad de acuerdo entre las partes.
LAS CIFRAS
Las preferencias están divididas
7
Puntos de ventaja obtuvo McCain sobre Obama en una encuesta realizada por el instituto israelí Kevoon.
37%
Apoya a Obama y 15% a McCain, según un sondeo llevado a cabo en los territorios palestinos.