GAM KLUTIER. "Señales de luz"
Por Enrique Planas
Visitar el taller en Barranco del artista Gam Klutier (Delft, Holanda, 1946) resulta toda una experiencia de aprendizaje. Primero, lo formal: el cuadro que nos espera sobre su bastidor revela su aún inconcluso proceso y evidencia cómo el creador se acerca a tientas hasta alcanzar la imagen final. Sea con pinceladas o con brochazos, Klutier aplica capas de pintura para cubrir el trabajo anterior y luego vuelve a dibujar encima hasta alcanzar el resultado final. Así, cada cuadro resulta una búsqueda intuitiva, impredecible y sorprendente. La de un creador que no cree en diseños previos o pies forzados.
Segundo: lo espiritual. En uno de los rincones del taller, Klutier ha levantado su altar a la pachamama y ha suspendido en sus cruces una galería personal de íconos populares que señalan lo vinculado que el artista se siente con nuestra tierra y sus cosmovisiones originarias.
El artista sabe que existen muchos más mundos que el presentado a nuestros ojos, otras dimensiones detrás de la obvia realidad, y que él intenta descubrirnos apelando a su genial intuición. Con el acopio de su experiencia occidental y su fascinación por el mito y la iconografía originaria, su obra logra traspasar las diferentes dimensiones, salta el tiempo y ofrece testimonio de una experiencia cósmica, universal, metafísica.
"Señales de luz" es el título de la muestra que en las últimas tres semanas se ha desplegado de magnífica forma en la galería Lucía de la Puente. En esta ocasión, Klutier exhibe sus pinturas y esculturas de más reciente factura: acrílicos de mediano y gran formato, serigrafías sobre cartón y sobre planchas de metal, así como una serie de esculturas en aluminio pintado que marcan un retorno a su formación como escultor en la Escuela de Bellas Artes en Breda, Holanda.
La de Klutier es una pintura que sirve de vehículo para la más libre exploración en el subconsciente, ligado fuertemente con el espíritu de la tierra en la que deposita su fe y su meditación.
Con los trazos libres de su característica pintura gestual, el observador interesado en la obra de Klutier descubrirá cómo a sus ya clásicos azules y amarillos, el artista suma en su exploración tanto el gris como el blanco y negro. Asimismo, sus característicos personajes y animales, que, tiernos y traviesos, esconden el organizado caos de una cosmovisión rica en referentes míticos, nos proponen nuevas escenas y situaciones. En fin, un mundo imaginario permanentemente vinculado a los ritos prehispánicos y el universo signado por la pachamama, siempre seductora, siempre sensual frente a los hombres que la desean.