PUNTO DE VISTA
Por Patricia Castro Obando. Corresponsal en Beijing
Si el 2008 es el año olímpico, el 2009 se anuncia como el de los grandes cambios en China. Algunos analistas de este país que sueltan sus proyecciones siempre por estos meses aseguran que el próximo año será clave en la historia del gigante asiático. Recuerdan que cada tres décadas la historia se repite y China siempre cae en una encrucijada que le obliga un giro de timón.
En 1919 se desató el Movimiento del 4 de Mayo. Más de 3.000 estudiantes protestaron airadamente contra lo que consideraron "condiciones humillantes del Tratado de Versalles" que puso fin a la Primera Guerra Mundial. Fue un reflejo de las profundas transformaciones que se estaban produciendo en la sociedad. Por entonces, China se despojaba de la época imperial.
Tres décadas después, el 1 de octubre de 1949, Mao proclamaba la República Popular China. La guerra civil le dio el triunfo al Partido Comunista frente al Gobierno del Kuomintang que se refugió en la isla de Taiwán. China optó por un sistema político al que posteriormente bautizó como socialismo con características chinas. Otro giro crucial de timón, sostienen los adeptos a la teoría de los ciclos.
A partir de 1979, China puso en práctica la política de reforma y apertura lanzada por Deng Xiaoping. Se aceleraron las reformas económicas de tipo capitalista, aunque manteniendo la retórica de estilo comunista. La economía china se abrió al exterior y el país se inclinó por un modelo propio que años más tarde le permitió alcanzar el crecimiento económico.
Ahora le toca al 2009. Según los académicos, cada 30 años se produce un nuevo ciclo porque una generación emerge y toma su lugar en la sociedad. Es el turno de la generación de los hijos únicos, y eso, también, asusta un poco.
Desde afuera todo parece estar bien en China, pero una profunda crisis de pensamiento e ideología perturba a la sociedad actual. Los menos optimistas advierten que puede ser el principio del final. "El régimen se ha envejecido. Nació con la función de servir al pueblo y ahora corre detrás del capitalismo. Si quiere sobrevivir, deberá recuperar su legitimidad", comentan los mayores.
Lo cierto es que China está atravesando por turbulencias y cuestionamientos internos debido a los crecientes índices de inflación, inestabilidad y corrupción. "Antes todos sabíamos hacia donde remábamos. Ahora en lo único en que estamos de acuerdo es que no estamos de acuerdo", explica un catedrático.
Conforme siga creciendo, cada paso será decisivo en su transformación de país en desarrollo a potencia mundial. "Todo lo que compra China en el mercado mundial sube de precio. Todo lo que vende China en el mercado mundial baja de precio. Somos un elefante que debe moverse despacio para no aplastar al resto", sostienen otros.
¿Tomará China una decisión correcta en el año de los cambios? Nadie lo sabe con exactitud. Por ahora, ni los chinos.