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ESPECIAL. DRAMA EN ESPAÑA

Peruanos sufren con hipotecas

La burbuja inmobiliaria estalló en España y dejó en vilo a muchas familias peruanas. Además de afrontar el pago de grandes préstamos, sus viviendas se han devaluado

Por Yolanda Vaccaro. Corresponsal

MADRID. El trujillano Romy Orlando Loayza Miranda, de 27 años, con residencia permanente en España, se compró un departamento de 84 metros cuadrados hace tres años en un barrio de Madrid. Entonces, juntando su sueldo como montador de andamios en construcciones y el salario de teleoperadora de su compañera sentimental española llegaban a reunir unos 2.200 euros al mes.

Romy obtuvo un préstamo hipotecario de Caja Madrid a fin de pagar la vivienda de 285.000 euros, para devolver en 30 años. Si bien el monto era alto, el pago mensual le salía 970 euros al mes, algo posible para una pareja con un hijo de 8 años de edad. Un pago relativamente bajo porque en ese momento el euribor, referencia de los tipos de interés para compra de vivienda en España, no superaba el 2%.

Pero Romy, como millones de personas en España, firmó la concesión del préstamo sin leer la letra pequeña. Una letra pequeña que estipula, como pasa con la mayor parte de préstamos hipotecarios de vivienda aquí, un pago de intereses con referencia a un euribor que la mayoría no pensó que subiría como lo hizo posteriormente.

Hoy el euribor ronda el 6%, a lo que hay que sumar un diferencial de algunos puntos que, en entrevista con El Comercio, Romy acepta desconocer porque no ha leído bien las condiciones del préstamo. La conclusión es que la letra mensual de su préstamo es de 1.700 euros.

A la crisis del euribor hay que añadir que en los últimos meses un agudo frenazo en la construcción ha dejado sin trabajo a millones de personas en este país, sobre todo a inmigrantes que, como Romy, se dedicaban a este sector. Así que desde hace cinco meses Romy solo cobra los 800 euros mensuales por prestación de desempleo que le corresponde, un monto que pronto se verá reducido en un 10%, conforme a la ley.

El caso de Romy, aunque parezca increíble, no es aislado. En una situación parecida se encuentran aproximadamente 200.000 familias de inmigrantes latinoamericanos que han sido las principales víctimas de la desaceleración de la construcción en España y de la subida de los tipos de interés en Europa.

VIVIR EN UNA HABITACIÓN
John Vargas Flores, nacido en Lima, lleva siete años en Madrid. Es otro ejemplo de los efectos de la doble crisis: la de la construcción y la de los tipos de interés. Hace dos años firmó un préstamo con Bancaja para pagar un departamento, también de 84 metros cuadrados, durante 35 años, a unos 850 euros al mes.

En esa época llegaba a ganar hasta 3.000 euros mensuales trabajando como albañil construyendo edificios en el entonces boyante sector de la construcción en España. Hasta hace poco parecía imparable la subida del precio de los inmuebles que, en menos de un lustro, duplicaron con creces su valor en un mercado enloquecido en el que los especuladores rompieron el techo. La burbuja inmobiliaria explotó. Actualmente el precio de los inmuebles baja sin parar.

John se quedó sin trabajo. Y la mayor parte de su sueldo era 'negro', es decir, no declarado por la empresa para la que trabajaba. De modo que apenas recibe un subsidio de desempleo de unos 400 euros al mes. Un ingreso que hace imposible que pague los 1.200 euros mensuales que hoy demanda su préstamo.

Su esposa, también peruana, también se ha quedado sin trabajo. De modo que la pareja, junto a su hija de 1 año, no le ha quedado otra salida que alquilar la vivienda comprada e irse a vivir a una habitación por la que pagan 280 euros al mes. Por el alquiler de su departamento les pagan 800 euros, con lo cual les falta 400 para pagar el préstamo cada mes. Por el momento, gracias a algunos ahorros y a cachuelos que John consigue, siguen pagando el préstamo.

Romy ha tenido que hacer algo parecido. Ha alquilado su departamento por 1.000 euros al mes. Con ese dinero, más casi el íntegro de lo que le dan por desempleo, 800 euros, paga el préstamo. Viven con los 700 euros de sueldo de su compañera. Se han tenido que ir a vivir a casa de la madre de Romy.

RETORNAR O NO RETORNAR
Por si fuera poco, los departamentos de Romy y de John ya no valen lo que ellos deben seguir pagando por ellos a causa, justamente, de la baja del precio de los inmuebles. Es decir, deben pagar durante tres décadas alrededor de 300.000 euros de capital y unos intereses que triplican esta cifra por unos departamentos cuyo precio de mercado se ha depreciado al menos una cuarta parte en el último año.

Si el banco correspondiente llegara a quitarles los departamentos, estos serían subastados. El dinero obtenido iría a cubrir el préstamo, pero lo más probable es que por cada una de estas viviendas en subasta pública no se llegaría ni a 180.000 euros. Los restantes 120.000 seguirían siendo la deuda que deben pagar los peruanos.

Así, no es extraño que ya se hayan registrado sendos casos de latinoamericanos que, en situaciones desesperadas parecidas, han optado por regresar a sus países, devolviendo las llaves al banco por correo. Este es el caso de cientos de ecuatorianos, la colonia más grande entre los latinos.

Por el momento, ni Romy ni John piensan en esta posibilidad. Romy, a través de una ONG, ha pedido a Caja Madrid que le permita, mientras no tenga trabajo, pagar solo el capital del préstamo, apenas 200 de los 1.700 euros de la letra mensual. John dice que hará lo mismo. Ambos son optimistas.

"INGENIERÍA FINANCIERA"
El caso de Romy es mucho más complicado porque a la hora de firmar el préstamo su madre acudió para avalarlo. En la notaría, la correduría pidió que Elizabeth Miranda avalara también a un ciudadano ecuatoriano, J. Fabián Matamoros. Pero este último ya dejó de pagar su préstamo y el banco ha manifestado su intención de embargar la nómina de Elizabeth.

"No quiero que me regalen nada ni dejar de pagar lo que empecé pagando", señala Romy, mientras reza para que no embarguen el sueldo de su madre.

Romy y su familia son víctimas por partida triple: de la crisis de la construcción y el empleo, de la subida de los tipos de interés y de la llamada "ingeniería financiera", prácticas irresponsables de las entidades financieras responsables, por ejemplo, de la famosa crisis 'subprime'.

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