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CRÍTICA DE ARTE

El beso de la mujer araña

Por Alberto Servat

Dos hombres comparten una misma celda en una cárcel latinoamericana. Uno es Valentín, un prisionero político envuelto en una causa subversiva. El otro es Molina, un homosexual acusado de abuso de menores. La soledad los convierte en cómplices en una única meta: sobrevivir. Desde su publicación en 1976, "El beso de la mujer araña", de Manuel Puig, se convirtió en una pieza literaria incómoda. La junta militar argentina de entonces la prohibió y creó --como sucede en estos casos-- una novela de culto. Su paso al teatro en 1983 por decisión del propio Puig no hizo sino acrecentar su fama. Y, tras los primeros escándalos, el argumento se fue introduciendo en la cultura popular hasta llegar a Hollywood y luego al teatro musical de Broadway. Con todo ello, "El beso de la mujer araña" ha probado ser una pieza dramática de diversos recursos y enormes posibilidades.

Personalmente considero que su mejor expresión es la novela misma. Allí se encuentran algunas de las preocupaciones comunes de la obra de su autor. En primer lugar, ese desbordante amor por las películas y las estrellas de cine; sentimiento puro y desgarrado que esconde una necesidad de evasión incuestionable. También la provocación sexual producto de la represión que vivió el propio Puig. Y, por cierto, las convicciones políticas, menos contundentes que sus dos primeros intereses.

Semejantes elementos eran ideales para trascender el formato literario y llegar al escenario y a la pantalla. El problema es que una vez instalada allí la intriga resulta menos contundente que la atmósfera y el resultado depende exclusivamente de la buena muñeca de un director capaz de introducirse en el alma de sus protagonistas. No es que se trate de una buena novela convertida en una mala obra de teatro, nada de eso. Afirmar eso sería evidenciar cierta miopía o estrechez de entendimiento. Lo cierto es que, en términos del teatro convencional, "El beso de la mujer araña" es una obra de atmósfera y no de acción. Entender eso es primordial para abordarla. En el caso de la película, al igual que en el musical, las fantasías cobraban cuerpo y pese a sus atractivos llevaban al espectador lejos de la reflexión que el encierro debería provocar.

EL BESO EN LA PLAZA
Es justamente el entendimiento del material original lo que convierte al montaje de Chela de Ferrari en toda una atracción teatral. Porque aborda con precisión y sin sentimentalismo una obra que descansa en la opresión de dos víctimas del sistema.

Seamos sinceros. A estas alturas, "El beso de la mujer araña" ha perdido gran parte de su audacia. Más allá de la persecución política o la discusión sobre la homosexualidad, la obra plantea un conflicto humano que trasciende las cuatro paredes de la prisión. Lo que sobrevive de esta extraordinaria creación de Manuel Puig es esa ansia de libertad en todo el sentido de la palabra. Y cómo los seres humanos la buscamos a través del cine o la revolución, a través de la afirmación de la sexualidad o de las causas sociales. De Ferrari apuesta por un escenario muy cuidado y políticamente correcto, donde la provocación está ausente y las tildes están puestas sobre las emociones y no en los hechos. Es la mejor opción para sacar adelante un texto hermoso y complejo. Por ello el acabado escenográfico y la posición de cada elemento, incluidos los movimientos de los actores, resultan tan armónicos. Por la necesidad de orquestar un espacio que refleja emociones producto del encierro. Menos efectivo encuentro los diálogos en 'off' que nos conducen al desarrollo de una trama poco elaborada y que no aporta más que un desenlace trágico al dramático encierro.

Nuestro entusiasmo por el trabajo de la directora se extiende a sus dos principales cómplices: Paul Vega y Rodrigo Sánchez Patiño, los actores que dan vida a los entrañables Molina y Valentín. Paul Vega ofrece una verdadera lección de un histrionismo emocional. Es directo y muy calculado, es cierto, pero sin quitarle humanidad a su creación. Sánchez Patiño aporta la vitalidad y el naturalismo que equilibra a ambos. Lo que convierte a su trabajo en una colaboración como pocas.

FICHA
TÍTULO ORIGINAL. "El beso de la mujer araña"
AUTOR. Manuel Puig
DIRECTORA. Chela de Ferrari
ACTORES. Paul Vega y Rodrigo Sánchez Patiño
DÓNDE. Teatro La Plaza-ISIL (Larcomar).
CUÁNDO. De jueves a martes a las 8 p.m. Los domingos a las 7 p.m.

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