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OBAMA Y SU VISIÓN DE CAMBIO

El héroe creíble de estos días

Por Gustavo Rodríguez. Escritor y comunicador

No hay palabra más presente en las elecciones presidenciales que el vocablo 'cambio'. Estuvo en el eslogan de Vargas Llosa hace casi veinte años, y también en el partido de Fujimori aquella vez. Fue usada por Humala hace dos años y en la campaña de Alan García al mismo tiempo. El cambio es una condición mínima para que la esperanza se materialice. Es razonable, por tanto, que el candidato más creíble con un discurso de este tipo se convierta en el favorito de la gente.

François Mitterrand lo dijo de forma más sagaz: "Todo candidato debería constituirse en el héroe creíble del cambio". Desde que le escuché juntas estas tres palabras suelo someter a su escrutinio a cuanto personaje prueba suerte en nuestra política y muy pocos han pasado por el aro. Lo logró el candidato García a los 35 años. También Fujimori cuando era un desconocido. El candidato Toledo también, en su primera tentativa frente a Fujimori.

No es mi propósito aquí analizar si luego estuvieron a la altura de lo que representaban. Sí lo es mover la lupa cinco mil kilómetros al norte: si Barack Obama arrasó en las últimas elecciones estadounidenses es porque supo ser aquel héroe creíble del cambio en una nación que clama por esperanza. Los criterios de heroísmo, credibilidad y cambio no son compartimentos estancos, pues se alimentan y potencian mutuamente. Sin embargo, a manera de ilustración, quizá sea bueno tratarlos aquí por separado. Hoy en día, héroe es aquella persona ordinaria que realiza una hazaña extraordinaria, encarnando aquello que se considera bueno y noble en la sociedad que la acoge.

La biografía de Obama, un hijo de musulmán negro criado por sus abuelos blancos, y que llegó a las altas esferas de la política mundial por su propio emprendimiento sería digna de una miniserie en tono de epopeya. El segundo requisito es ser creíble. Y la credibilidad se gana con consistencia a lo largo del tiempo: si de algo hizo gala Obama en esta larga carrera electoral fue de una consistencia y coherencia notables. Siempre mantuvo el mismo tono, calmado y sin sobresaltos, tanto en los debates álgidos como en los momentos felices. Incluso fue percibido como consecuente con sus principios cuando dejó a un lado la campaña para darle un último adiós a la abuela que lo crió.

Finalmente, rara vez ocurre que un candidato esté a la altura de su lema, y que incluso lo alimente. El "Change we need" estuvo totalmente encarnado en Obama al ser el primer negro en tentar una presidencia históricamente copada por blancos, al representar al partido rival del actual gobierno y al traer del pasado aires que ya se creían sellados en las tumbas de Kennedy y Luther King. Siempre he pensado que en las elecciones presidenciales se enfrentan, más que dos candidatos, dos sentimientos movilizadores: el miedo y la esperanza. Es gratificante que esta vez, en un país tan activado por el miedo como Estados Unidos, la esperanza haya vencido gracias a un héroe creíble. Y aunque ser un buen candidato no es garantía de ser buen presidente, la esperanza es lo último que se pierde.

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