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¿EL CAPITALISMO HA MUERTO?

Se viene un cambio de ruta

Por Fernando Villarán (*). Ingeniero

La grave crisis económica actual empezó con los irresponsables préstamos hipotecarios en EE.UU., pasó por la quiebra de muchos bancos y financieras, y tuvo como hito el salvataje de 700 mil millones de dólares que lanzó el Gobierno. Es claro que, a estas alturas, nadie se atreve a decir hasta dónde va a llegar y cuándo va a terminar.

Frente a estos hechos hemos visto tres reacciones muy marcadas: en primer lugar, la indignación del pueblo estadounidense al enterarse de que el paquete salvador iba dirigido a los bolsillos de los responsables de la debacle, sentimiento que fue recogido por ambos candidatos presidenciales; en segundo lugar, la postura de los críticos del sistema que ven en esta crisis el final del capitalismo y están buscando revivir el extinto socialismo; en tercer lugar, los que dicen que aquí no ha pasado nada y que muy pronto todo va a seguir siendo como antes.

Esta última reacción es la más perniciosa, no solo porque en su mayoría es asumida por los partidarios, promotores y responsables del actual estado de cosas, sino sobre todo porque impide llegar al fondo del asunto; a ellos no les interesa extraer las lecciones que permitan corregir rumbos, tomar medidas y evitar que vuelva a ocurrir.

No hay duda de que la crisis es grave y que el capitalismo no va a ser el mismo a partir del 2008. ¿Pero esta crisis nos lleva a un cambio de sistema, un cambio de modelo? ¿Qué es lo que realmente está en juego?

El triunfalismo de Francis Fukuyama en el "Fin de la historia", que se sustentaba en la victoria del capitalismo sobre el socialismo realmente existente en 1989, ocultó el hecho de que desde principios del siglo XX hay una pugna, sorda pero real, entre dos 'capitalismos', dos modelos diferentes dentro del mismo sistema. Ambos se basan en el mercado y la propiedad privada, pero tienen diferencias sustanciales.

Uno de ellos está signado por los monopolios que dominan los mercados y afectan su funcionamiento, así como por la escasa o nula regulación de estos por parte del Estado (que generalmente se colude con ellos). Se caracteriza por enfatizar en la propiedad de los activos, por estar liderado por el sector financiero, por premiar la cantidad de capital invertido, por dar rienda suelta a la codicia, por limitar las oportunidades para los pequeños y los nuevos, y por empeorar la distribución del ingreso.

El otro modelo se caracteriza por la libre competencia, regula adecuadamente los mercados y logra que ellos premien la mayor productividad y la innovación, enfatiza la propiedad intelectual, tiene un Estado que defiende el bien común, abre permanentemente oportunidades para los pequeños y los nuevos, es liderado por la producción, más específicamente la aplicación del conocimiento y la creatividad a la producción de bienes y servicios, y mejora sostenidamente la distribución del ingreso.

Los intelectuales del primer modelo son los macroeconomistas, desde John Maynard Keynes hasta Milton Friedman, los actores son los hombres de negocio ('business man'), los empresarios mercantilistas, financistas inescrupulosos y los políticos que defienden sus bolsillos. El intelectual del segundo modelo es Joseph Schumpeter, con su fila de seguidores que llegan hasta Paul Krugman, flamante premio Nobel de economía, los actores son los emprendedores ('entrepreneurs'), los innovadores, y los políticos que defienden los intereses de las mayorías.

El mismo EE.UU. ha tenido mucho de este segundo modelo: a principios del siglo XX fue la cuna de la revolución automotriz encabezada por Henry Ford que lo convirtió en la primera economía del mundo; y a principios de los años 70 albergó la revolución de la microelectrónica, que tuvo como protagonistas a Intel, Apple, Microsoft y más recientemente, Google, que lo mantuvo como primera superpotencia. Pero Luego vinieron Reagan y los dos Bush, partidarios del primer modelo, e iniciaron el declive de Estados Unidos. Con esta crisis lo que ha quedado claro es que su modelo ha muerto (a pesar de que algunos todavía traten de revivirlo).

Si bien el sistema económico del futuro va a seguir teniendo de base al mercado competitivo y la propiedad intelectual, ya no es el capital financiero el motor principal sino el conocimiento y la innovación, como lo señaló Peter Drucker en su premonitorio libro "La sociedad postcapitalista". Es tiempo de empezar a buscarle un nombre a este nuevo "ismo" ¿Quién se lanza al ruedo?

* PRESIDENTE DE SASE CONSULTORES

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