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RINCÓN DEL AUTOR

Yehude y la corrupción

Por: Hugo Guerra

Extenuado lector, tras el voto de confianza congresal otorgado al Gabinete Simon, el país debe entrar a una etapa de sosiego, pero es urgente que el gobierno, los políticos y la prensa se lancen a una verdadera lucha contra la corrupción.

Esa lacra, como es incuestionable, se ha vuelto a extender no solo en el aparato gubernamental y administrativo del Estado, sino en toda la nación, alcanzando --quizá a diferencia de otros tiempos-- a sectores empresariales que libran hoy una guerra de intereses literalmente brutal.

Los indicios aparecidos en el 'petrogate' y en otras denuncias frustradas por la inconsistencia de los audios y correos interceptados ilegalmente obtenidos apuntan cada vez más a que habría fábricas de espionaje social y político eventualmente financiadas por ciertos grupos empresariales cuyo real afán no es moralizar, sino defender su participación en el pastel de la economía.

Por supuesto, a estas alturas es difícil ofrecer pruebas concretas, pero el análisis de lo que está en curso, la forma en que se manipulan las informaciones y los objetivos de ataque apuntan a que la cuestión política sí está presente y es prioritaria, pero no es necesariamente lo medular.

Dicho sea eso sin olvidar, claro está, que en estos tiempos de descontrol radical tampoco se puede excluir que, además del espionaje mercantil, también pueden estarse enseñoreando ciertos servicios de inteligencia extranjeros.

En fin, poco a poco se irá descubriendo a los titiriteros. También podrá determinarse si un sector de la prensa está siendo manipulado; y, si el canibalismo entre periodistas es cuestión de principios o reflejo de la vieja estrategia del caco que grita "al ladrón al ladrón" para distraer al policía.

Entre tanto, no basta que Simon (personalidad respetable y muy bien intencionada, aunque novata en las grandes ligas políticas) haga declaraciones principistas y anuncie un plan en 45 días. Por la gravedad de las cosas, en esta lucha es indispensable el liderazgo del presidente García, quien usa un lenguaje duro contra los sospechosos, pero no tiene el reflejo para superar la desaparición de la oficina ad hoc.

Pretender que el nuevo contralor ponga coto al desmadre en curso es iluso. Lo que se necesita es fortalecer los controles ya existentes de manera transversal en el aparato público, apoyar las iniciativas de la OCMA del Poder Judicial, y crear una eficiente instancia política, técnica y social para frenar la corrupción. Crimen que ya les ha costado demasiado a los peruanos entre el primer y desastroso gobierno aprista y el período perverso del montesinismo.

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