Por Yolanda Vaccaro. Corresponsal
MADRID. Savater acaba de ganar el Premio Planeta de Novela por su obra "La hermandad de la buena suerte", un libro que, rompiendo con el grueso de su obra, se concentra en la aventura más que en la metafísica. Por supuesto no falta en el texto la provocación que permite que la novela invite a la reflexión. Resulta así un baluarte frente a la actual moda predominante que Mario Vargas Llosa ha denominado "la cultura del espectáculo", aquella perversa vorágine de entretenimiento banal.
Sonríe Savater al recordar que, en 1993, quedó como finalista en el Planeta con su obra "El jardín de las dudas", superado ese año precisamente por Vargas Llosa. Este año el Planeta por fin ha ido a parar a sus manos, haciendo justicia a este intelectual vasco.
Savater, cada cierto tiempo, se ve obligado a hacer llamados a la cordura a sus conciudadanos inmersos en guerras dialécticas sobre la llamada "españolidad".
La suerte, las carreras de caballos y una búsqueda detectivesca son los protagonistas de "La hermandad de la buena suerte". La trama arranca con la desaparición de un afamado jockey. Un multimillonario paga a unos mercenarios para que busquen al desaparecido en una subyugante carrera que envolverá mucho más que la búsqueda de un personaje famoso.
El pasado miércoles, la editorial Planeta presentó la novela en una multitudinaria ceremonia realizada en el hotel Ritz de Madrid. Tras la cita el galardonado concedió esta entrevista a El Comercio.
"La hermandad de la buena suerte" habla, por supuesto, y valga la redundancia, de la suerte. ¿Cree en la buena y en la mala suerte?
Creo en la suerte. Creo que a todos nos toca nuestra suerte, y nosotros la convertimos en buena o mala, con nuestro empeño, nuestro trabajo, nuestra dedicación.
¿Tiene usted buena suerte?
He tenido buena suerte. Todavía sigo vivo, así que no puedo quejarme.
Han dicho que su novela es detectivesca, de aventuras, etcétera. ¿Cómo la define?
Es una novela de aventuras, con intriga, con peripecias, con un cierto enigma.
Y con metafísica
Hay una dosis minúscula de metafísica. Hay gotas de ese ingrediente que pueden hacer pensar al lector a la par que lo divierte y hace que se la pase bien leyendo la novela.
¿Qué encuentra de apasionante en las carreras de caballos?
Hay gente a la que le gusta el fútbol, hay gente a la que le gusta el ajedrez. A mí me gustan las carreras de caballos. Voy a verlas desde muy pequeño, desde que tenía 5 años, mi padre era muy aficionado. Llevo ya más de 55 años viendo carreras de caballos y me gustan mucho.
¿Es su novela con mayor dosis de aventura?
La novela que responde más a ese perfil es una novela anterior, para jóvenes, titulada "El gran laberinto", que era una obra netamente de aventuras. Esta tiene también ese componente, pero tiene más un ingrediente sobre la dificultad de la vida, el tiempo que pasa, las frustraciones y, sin embargo, la conservación de la esperanza.
Ha comentado que el lector de "La hermandad" mantiene una sonrisa hasta que descubre la respuesta. ¿Ha escrito una tragicomedia, con sonrisas y lágrimas, su novela total?
No soy tan ambicioso. Hay elementos que creo que harán sonreír, pero, por supuesto, la lección de fondo no es puramente humorística.
Porque la vida es trágica, finalmente
La vida acaba mal. La mayor parte de las vidas acaba mal.
Pese a esa premisa a usted nadie le quita la alegría
No, mientras uno está funcionando siempre, es mejor estar que no estar. Mientras estoy, estoy contento.
¿Se siente identificado con algún personaje de la novela?
Si me tengo que sentir identificado con algún protagonista, ese es el caballo porque ese es el que más se parece a mí. Los otros son todos subproductos.
¿Por qué con el caballo?
Porque es un gran caballo que ha ganado una gran carrera y ha perdido otra carrera decisiva, y ahora ya no se sabe si va a ganar o perder. Yo siempre me siento así.
¿Qué carreras ha perdido?
No todas se pueden decir. Las más importantes de la vida no se pueden comentar.
¿Qué le animó a escribir esta obra?
En los últimos quince años he procurado alternar obras filosóficas, que son el grueso de mi trabajo, con alguna obra literaria que me sirve para limpiar un poco. Tenía esto rondando por la cabeza. Durante un par de años, sobre todo el año pasado, cuando llegaba el Planeta todo el mundo me daba como ganador, aunque ni siquiera había escrito ni presentado nada. Yo decía que si quedo finalista sin haber presentado ninguna novela, entonces cuando la presente gano seguro.
¿Cree que la práctica que le ha dado escribir artículos para periódicos le ha permitido desarrollar la síntesis literaria?
Si puedo decir una cosa con cinco palabras, no me gusta decirla con diez. El problema de la novela es la dilación, aunque tú sepas lo que va a pasar tienes que aplazarlo y mantener la atención. No es como el cuento.
¿Qué ha significado el Premio Planeta para usted? ¿Ha sido un poco de oxígeno en un año complicado, en el que ha apoyado a un nuevo partido político y ha batallado por la defensa del castellano, por ejemplo?
La novela fue en sí misma una recompensa porque me sacaba de la monotonía; escribirla fue como estar permanentemente en un balneario, de vacaciones. El premio ha sido la guinda del pastel. Lo que espero del premio es que me consiga lectores que no piensen en mí sino que quieran leer el libro. Y es que mis lectores habituales lo primero que hacen es verme a mí. Luego ya lo que hago les importa menos, y saben que todo lo que hago les va a parecer bien o que todo lo que hago les va a parecer mal porque, de alguna manera, tapo las cosas que hago. Quisiera que un lector cogiera la novela, no supiera nada de mí, le importara un pimiento y dijera "me gusta" o "no me gusta" sin tener nada que ver conmigo, y creo que eso es algo que el Premio Planeta me lo puede conseguir.
Eso es casi una quimera siendo usted una personalidad conocida en el ámbito, cuando menos, iberoamericano
Sí, pero de todas maneras esto amplía el espectro de lectores posibles. Habrá lectores que no me habían leído nunca y que ahora, con el premio, lo harán.
¿Cómo fue la experiencia de estar al lado de Vargas Llosa como finalista?
Fue una gran alegría. A Mario lo tenía en un altar, como es lógico, como referente de mi generación y de otras. Yo antes lo había saludado un par de veces y, de pronto, durante los quince días que dura la gira de presentación del Premio Planeta, estar con él a todas horas, a la hora del desayuno, del almuerzo, poder charlar con él de todo, fue como hacer un máster. Yo estaba encantado.
En junio pasado se jubiló como catedrático. A partir de ahora ¿tendremos a un Fernando Savater netamente escritor?
Me voy a dedicar también a vivir. Siempre me he creado muchas obligaciones, así que a ver si ahora que no las tengo, con esa mentalidad de jubilado de que me puedo levantar más tarde, a ver si me relajo. Quiero viajar un poco, estar con mi mujer más tiempo.
¿Mantiene su militancia política? (Savater, junto a Vargas Llosa, es impulsor del partido UPD, Unión, Progreso y Democracia.)
Un ciudadano nunca dimite en una democracia. Puedes estar en primera fila o una fila más atrás, pero como ciudadano no voy a dimitir nunca de mi papel político.
¿En qué va a invertir los 601.000 euros con los que está dotado el premio?
Eso lo decide mi esposa. Ella es la que administra; lo hace mucho mejor que yo.
PERFIL
NOMBRE Fernando Savater
LUGAR Y FECHA DE NACIMIENTO. San Sebastián, 1947.
ESTUDIOS. Licenciado en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid.
TRAYECTORIA. Escritor, filósofo y activista democrático, ha escrito libros considerados esenciales en la filosofía contemporánea. Destaca su interés en acercar la filosofía a los jóvenes, con obras como "Ética para Amador", uno de los libros más leídos de filosofía, o "Las preguntas de la vida"; también defiende la cultura popular por expresar la vitalidad juvenil, desde las novelas de aventuras, los cuentos fantásticos, el cómic y los juegos de rol.
BIBLIOGRAFÍA ÚLTIMA: "Las preguntas de la vida" (2003); "El valor de elegir" (2003); "Criaturas del aire" (2004); "El gran laberinto" (2005); "Así hablaba Nietzsche" (2006); "Política razonable" (2008).