ANTROPOLOGÍA
Por Santiago Antúnez de Mayolo Rynning
El célebre Jesuita Joseph de Acosta, en su Carta Anual de 1576, informaba a Roma que en dos meses nuestros indios aprendían prontamente lo que a los hispanos les tomaba cinco meses comprender. En otra carta anual, informaba que en el convento Jesuita de Juli (Puno), donde los indios estudiaban para ser sacerdotes, 12 de ellos mostraban niveles tan altos en sus exámenes de bachiller que hubieran merecido honores en las universidades de Salamanca o de Alcalá de Henares. ¿Por qué nuestros indios eran tan inteligentes y ahora la Unesco, tras evaluar a 4.000 alumnos de cada una de las naciones sudamericanas, ubica al Perú en el último lugar con apenas 83 puntos de coeficiente intelectual (IQ)?
Con este bajo nivel de solo 83 puntos nadie, ni siquiera alguien que quisiera ser soldado podría ingresar, por ejemplo, al Ejército de EE.UU. Allí para ser un simple aserrador se requiere un mínimo de 85 puntos y para ser profesor de soldados, más de 127 puntos de IQ.
La desaparición de una élite ilustrada
Estimo que tan bajo nivel cognitivo se inició con la lucha fratricida entre Atahualpa y Huáscar, y la extinción de este con sus panacas, es decir con su linaje conformado por parientes y un conjunto de familias descendientes de un antepasado común.
Esta situación se vio agravada por la captura de Atahualpa en Cajamarca, donde fallecieron más de 8.000 de sus dirigentes; así como por la propagación de las dolencias y enfermedades introducidas por los europeos y a la prolongada lucha entre las diversas etnias.
Estrategia y sabiduría
Cuando analizamos el origen del incanato, nos encontramos con que por el año 1025, ataviados con ropas relucientes al Sol naciente, emergen de las grutas de Pacaritambo un anciano chamán, seguido de otro más importante que era Apostambo con sus hijos y 12 familias. Previamente habían acordado la política y programa a ser aplicados para dominar.
Imbuido de estas estrategias, Manco Cápac obtiene de los alcavizas (uno de los grupos dominantes de la zona), un lote de terreno en Coricancha, probablemente de un kilómetro cuadrado, donde por el año 1031 establece el incanato.
Manco Cápac fue aymara y la finalidad de su vida era que su estirpe excediera en poder al legendario Hyustus, quien siglos antes, en el pleno esplendor de Tiahuanaco, era considerado el "Señor del Mundo".
Manco Cápac logró imponerse pacíficamente por su carisma, su nivel cognitivo y sus amplios conocimientos técnicos. Lentamente fue formando a sus súbditos para que fueran inteligentes y guerreros.
Desarrollo mental y socioemocional
El lenguaje sintetiza prácticas y conceptos. Para los hispanos el desarrollo de la persona se inicia a los 7 años. La editorial Norma cita, por ejemplo: "Bebé: persona joven. Joven: de época de niño. Niño: que está en la niñez; Infancia: periodo de vida humana que alcanza hasta la pubertad. Infante: niño de corta edad".
Los sajones son más precisos para estas definiciones. La voz "infant" cubre del nacimiento al año; "toddler" del año a los 3 años, "pre-schooler" de los 3 a los 5 años. Y van al kindergarten desde los 5 años.
Los incas, en cambio, tuvieron un profundo conocimiento acerca del desarrollo físico y mental de todo nacido. Esto los llevó a catalogar cada edad y sus atributos. Lamentablemente los cronistas solo consignaron los nombres de estos lapsos de desarrollo pero no citaron lo que significaba cada etapa y todo lo que el nacido debería ser y haber aprendido, para entonces, de sus progenitores y familiares.
Para lograr el óptimo desarrollo del ser humano y todo su gran potencial creativo, emocional e intelectual, se requiere que el cuerpo sea sano, longevo, vigoroso, de buena talla y que, además, los procesos de la mente y la conducta sean equilibrados. La perfecta unidad del cuerpo y la mente son los elementos indispensables para elevar la calidad de vida y durante el incanato asegurar esto fue función de los progenitores y de la familia en su conjunto.
La experiencia inca debió crear el concepto no desvirtuado de que "lo que torcido crece, torcido queda". Es decir que la calidad y las cualidades del poblador se forman desde su nacimiento. Esta es la razón por la cual nombraron los lapsos asociados al desarrollo cognitivo y socioemocional del niño. De la misma manera que observando la naturaleza llegaron a dominar todas las posibilidades ecológicas del territorio para el bienestar de su población, conocieron a fondo los lapsos de la vida humana, los nombraron y determinaron sus capacidades para cada etapa.
El análisis de las exigencias mínimas que se pudo lograr en cada uno de los lapsos del desarrollo de los pobladores, explica el alto nivel cognitivo y psicológico de nuestros antepasados, resultado de su política educativa, lo que demuestra que Acosta, en sus informes secretos, no exagera el nivel de inteligencia del indio y Calancha tampoco exagera cuando cita que los nativos a los 12 años lograban la madurez mental que en otros reinos recién se adquiría a los 40 años.
VOLADA
Las edades del inca
Mucupacari: Es el nacimiento. El nacido era presentado a los parientes en el ayuscay, fiesta donde se le cortaba el cabello y recibía su primer nombre. El nombre definitivo lo recibiría en la pubertad.
Quiraupi: Desde el ayuscay hasta el primer mes. Debía expresar sus necesidades con el llanto y, a partir del primer mes, moviendo brazos o piernas.
Antahualpa o antahuambra: De los 2 a los 4 meses comienza a vocalizar dando inicio al proceso del lenguaje. A los 3 meses se consideraba que había pasado el riesgo de mortalidad infantil, era censado e ingresaba a ser parte de la población.
Sompohuambra o sopohuar: De los 4 a 6 meses, cuando los bebes comienzan a emitir sonidos bilabiales y a balbucear.
Llocac: De 6 a 8 meses, comienzan a gatear y demuestran signos de que desean hablar y pueden recordar cosas que se le han ocultado.
Huambra o trahuamra: De los 8 meses al año, ya reconocen su nombre y el de ciertos objetos, comenzando la vocalización de las palabras.
Lakate: Del año a los dos años, hace pininos y se hace mimar, después de los dos años se inicia el destete. A los dos años termina el veloz desarrollo del cerebro.
Machapori: De los 2 a los 4 años, ya debe dominar el habla aunque aún no puede razonar.
Tantarique: De los 4 a 6 años, se estima que el menor ya tiene conciencia de sus actos. Este lapso tiene especial importancia, pues a los 6 años se ha osificado el cráneo y desarrollado un activo proceso neurológico.
Llullalloc o huanracunas: De los 6 a los 8 años ya debe mostrar un adecuado razonamiento.
Huamra: Mujeres de los 8 a los 10 años; ingresarán cual acras a los acllahuasi (o "casa de las escogidas"), donde serán formadas para ser madres y docentes.
Pucllaguamara: Varones de 8 a 10 años; deben ser vivaces y juguetones.
Huamracuna: De los 10 a los 12 años.
Cocapallac: De los 12 a los 16 años se inician en actividades productivas como la recolección de coca. A los 14 años las acras eran examinadas y las mejores eran llevadas a las "casas de las escogidas".
Sayapayac: De los 16 a los 20 años, a esta edad los varones pueden desempeñarse como chasquis (mensajeros).
Michohuayna: De los 20 a los 25 años. Los hijos ayudan especialmente a sus padres en todas las tareas del hogar.
Chaupirocro: De los 25 a los 50 años, son súbditos incas.
Aucaporos: Entre los 25 y 40 años son básicamente guerreros, y sus esposas e hijos los acompañarán en las acciones bélicas.
Puric: De los 40 a los 50 contribuyen a la ejecución de obras públicas.
Chaupilloc: A partir de los 50 y hasta los 60 años dejarán de servir al inca y realizarán labores relacionadas con su hogar y la paternidad.
Puñolloca o Puricmachu: De los 60 a los 80 años se convertían en consejeros.
Rocto machu: Grupo de 80 a más de 100 años.