Una reforma en la arquitectura financiera que abra más espacio para las naciones en desarrollo es el principal acuerdo que lograron los ministros de finanzas y presidentes de los bancos centrales de los países del Grupo de los 20, que también apoyaron una respuesta coordinada a la crisis mundial y una regulación del sistema financiero.
En el debate, que duró 15 horas, los integrantes del G-20 coincidieron, además, en la necesidad de adoptar medidas urgentes para restablecer la liquidez en los mercados, aumentar los flujos de crédito para el comercio y para el consumo, y frenar la fuga de capitales de los países emergentes.
Consideraron necesario que los gobiernos aumenten sus inversiones y vuelvan más flexibles sus políticas fiscales para atenuar el impacto de la crisis.
Más información:
Plantean mayor participación de los países emergentes