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ERROR. MADRE ENCONTRÓ A HIJO QUE OLVIDÓ EN COASTER

Para no separarse nunca más

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"Me dieron sopa y galletitas", dice risueño el niño de cinco años mientras juega, ahora sí, ante la atenta mirada de su madre. Es muy pequeño para imaginar la agonía que vivieron sus padres durante las casi 16 horas que duró su desaparición, y no porque escapara de casa o porque lo raptaran, sino porque su madre cometió un irresponsable error: lo olvidó en una coaster. Todo comenzó la mañana del sábado en Ate-Vitarte cuando la infortunada mujer, Mery Vargas, abordó un vehículo de transporte que cubre la ruta Lima-Chosica para ir a trabajar. Como de costumbre cargaba en la espalda a su otro hijo, de un año de edad, mientras que su 'gordo', como le dice al de 5 años, estaba sentado a su lado. "Es muy inquieto pero siempre me sigue, así que cuando bajé pensé que estaba atrás mío", recuerda ella. Caminó unas cuadras, hasta el mercado, pero cuando volteó para decirle algo, ya no estaba. Lo buscó en los alrededores y no lo encontró.

Lo mal que iba su negocio, los gastos que acababa de hacer para curar a su bebe, y otras ideas que llenaban su cabeza desaparecieron de golpe. "¡La coaster!". Mery no tenía duda. Ahí tuvo que haber olvidado a su engreído, el pequeño que ese mismo día cumplía 5 años. Corrió inútilmente al paradero a la espera de que el vehículo retornara, pero minutos después su mente se aclaró y decidió ir a la comisaría de Ate. "Aunque les rogué dijeron que no tenían tiempo para buscarlo. No sé qué hubiera hecho si no aparecía el mayor Marco Carrera", agrega la madre.

El mayor Carrera es oficial de la policía y aunque estaba en su día de franco no dudó en llamar a los padres --al número que escuchó en una emisora-- y se ofreció a ayudarlos a cambio de nada. Durante todo el día recorrió con ellos comisarías, calles y paraderos, repartiendo volantes que él mismo mandó a imprimir. "También estamos muy agradecidos con los medios de comunicación y con un señor de San Borja que nos brindó apoyo económico", dice Rigoberto Bonifacio, padre del menor, quien pudo denunciar el extravío de su hijo recién a las 7 de la noche en la misma comisaría que les dio la espalda.

La angustia se apoderó de ellos, sobre todo cuando llegaron mensajes y llamadas de un desconocido que afirmaba tener a su hijo y exigía dinero a cambio de entregarlo. Pero no era cierto. Cerca de las 11 p.m., personal de la comisaría de Yerbateros ubicó al menor deambulando en el terminal terrestre del mismo nombre.

Apenas se vieron, los padres y el niño estallaron en llanto, pero de felicidad, como si hubiera vuelto a nacer. El menor dice recordar que lo llevaron a una casa y a otra comisaría, pero son hechos que aún quedan por aclarar.

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