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UN FENÓMENO QUE CRECE Y SE HACE MÁS COMPLEJO

Se necesitan programas sostenibles para rehabilitar a pandilleros

Especialistas dicen que no se cumple fin resocializador

Por Roxabel Ramón Huaroto

Al fondo, al final de la pista que atraviesa de extremo a extremo San Juan de Lurigancho, está Huáscar, zona famosa por albergar a las pandillas más perniciosas del distrito. En las faldas de cerros con nombres apocalípticos como la Boca del Diablo, se alza el asentamiento humano Santa Rosa.

"Hasta el año pasado esto era zona liberada, donde los policías no podíamos ingresar", confiesa el suboficial Wilfredo Marín, de la comisaría de Santa Elizabeth, mientras es observado por una decena de miembros de Los Chacales, la pandilla de cuyas piedras, fuego y machetes debió huir varias veces, y que hoy es su mejor aliada para entrar al barrio y trabajar en la recuperación de otros adolescentes.

BUSCAN APOYO
José, cabecilla de Los Chacales, perdió a su madre hace ocho años y tiene a sus dos hermanos --fundadores de la pandilla-- en el penal de Lurigancho y en 'Maranguita'. Lo que más le duele a sus 21 años es una Navidad con la mesa familiar llena de esas ausencias fundamentales. Por eso, cuando el año pasado unos evangélicos le hablaron de usar el liderazgo heredado en el grupo para ir contra el 'statu quo' del barrio y salir de la violencia, aceptó.

Muchos pandilleros de la zona se la tienen jurada, pero otros como 'Micky' (16), quien a principios de este año estuvo a punto de perder la pierna por un machetazo de una pandilla enemiga, lo ayudan con los graffitis, el mantenimiento de la única losa deportiva y con la venta dominical de gelatina, actividades en las que, junto con otros 12 jóvenes, ocupan su tiempo para no caer en las antiguas fechorías.

Actualmente reúnen fondos para la chocolatada bailable que ofrecerán este 20 de diciembre en favor de los niños de Santa Rosa.

Con antecedentes penales o requisitorias, muchos de estos chicos con voluntad de cambiar encuentran serias dificultades para conseguir trabajo. El robo de autos u otros delitos comunes del pandillaje ya no son una opción. Hace dos meses, el alcalde de San Juan de Lurigancho, Carlos Burgos, dijo que los contrataría para el serenazgo. "Ellos se entusiasmaron, entrenaron para ese día", cuenta el suboficial Marín. Pero la promesa no fue cumplida.

SIN ALTERNATIVAS
La Subgerencia de Organizaciones Juveniles de la Municipalidad de Lima tiene seis programas de apoyo a jóvenes de pocos recursos, pero ninguno de ellos está dirigido a la recuperación de pandilleros, confirmó Sandro Caller, funcionario de esa subgerencia y director del programa Contacto Joven. Este grupo es uno de los que podrían ser de mayor utilidad para estos muchachos, ya que el convenio que tiene con dos institutos técnicos les permite capacitarlos para trabajos eventuales. Los estudios de tres meses son muy económicos y financiados por los propios alumnos. "Las pandillas son consecuencia de la falta de oportunidades y no el problema en sí", considera Caller.

Pero para el especialista en seguridad ciudadana Gabriel Prado, está claro que los pandilleros no acudirán por su cuenta a buscar ayuda. "El gran error de los concejos es que asocian seguridad con represión. No ven la gravedad del problema que se avecina en Lima si esos chicos siguen siendo dejados de lado", advierte en referencia al nivel de violencia juvenil que hoy se vive en Centroamérica, por ejemplo.

En la mayoría de municipios distritales (salvo en El Agustino, donde la asociación civil Martin Luther King y la iglesia lograron involucrar al concejo) no existen programas sostenibles ni mucho menos presupuesto asignado para ello, confirma Elmo Molina, asesor del Consejo Nacional de Seguridad (Conasec) en temas de pandillaje.

Tampoco el Ejecutivo las tiene, aunque el Ministerio de Justicia publicó el D.L. 990 para reducir de 14 a 12 años la responsabilidad penal, y dar prioridad así a la asistencia resocializadora. Para Jean Schmitz, de la ONG Tierra de Hombres, eso quedó en el papel, pues el Estado no tiene infraestructura ni personal para dar ese servicio. En tanto, el Poder Judicial tiene solo un centro de Servicio de Orientación al Adolescente (SEA) de libertad asistida, ubicado en el Rímac. Allí se atiende a 400 menores, pero solo en Lima los pandilleros son unos 14 mil.

PRECISIONES
Defensoría
En su informe 123 sobre la situación de los adolescentes infractores, la Defensoría del Pueblo exhorta y recomienda implementar políticas a los ministerios de Justicia, Mujer y Desarrollo Social, Educación, Trabajo y Salud; así como al Poder Judicial y al Ministerio Público.

Mimdes
La fiscalía y la PNP sí realizan trabajos de prevención, pero su alcance y presupuesto son limitados. El Mimdes, en tanto, reglamentó la ley que impide abrir proceso judicial por faltas muy leves.

LAS CIFRAS
14 mil
pandilleros identificó la ONG Acción por los Niños en el 2001. Sin embargo, la ministra de Justicia, Rosario Fernández, señaló hace un mes que solo habría cinco mil pandilleros.

100
pandillas hay en San Juan de Lurigancho, según la PNP.

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