PUNTO DE VISTA
Por Juan A. Velit Granda. Internacionalista
La tarde del 3 de mayo de 1791 se promulga la primera Constitución de Polonia y la segunda del mundo. Este acontecimiento significó el triunfo de las ideas liberales y reformadoras de Europa, pero esta victoria no duró mucho. El sable de la caballería zarista cercenó este grito libertario y hundió a la tierra de Chopin en una larga noche de cautiverio. Se obligó a abdicar a su último monarca --Stanislao Poniatowski--, se impuso una servidumbre a su población y se repartió su territorio.
Fue su glorioso pasado cultural el elemento unificador que en esta oscuridad les dio la luz de su identidad. Eran los cuadros de Jan Matejko, las vibrantes novelas de Henryk Sienkiewicz o los emotivos dramas de Wyspianski las principales armas de la resistencia.
Entre los múltiples personajes que conspiraban para recuperar la libertad, hay uno que se distingue por su tenaz voluntad y por su firmeza de carácter, su nombre es Josef Pilsudski, el mismo que cuando estalla la Primera Guerra Mundial considera el momento oportuno para conquistar su ansiada libertad. Pero los partidos políticos polacos no estaban a la altura de las circunstancias y se dividen. Unos a favor de Alemania y Austria y otros optan por Rusia. Pilsudski cree que para los intereses de Polonia hay que alinearse con los austro-húngaros.
Las acciones militares del conflicto mundial se desarrollaron, la mayor parte, en territorio que había sido polaco, lo que tuvo las trágicas consecuencias de una gran destrucción de infraestructura y muerte de civiles ajenos a la guerra.
En 1917, en pleno proceso de enfrentamiento, la Revolución Bolchevique empuja a Rusia a retirarse de la guerra y los países que se habían repartido oportunamente su territorio entraron en una crisis indetenible y, por lo tanto, incapacitados de retener más tiempo las propiedades ajenas, tuvieron que devolverlas.
La presión de la población, que realiza un paro generalizado, obliga a ceder a los usufructuarios ilegítimos de ese glorioso territorio. Un 11 de noviembre --como hoy-- se crea la Polonia libre e independiente y Josef Pilsudski asume, en solemne ceremonia, el cargo de comandante en jefe del Estado.
Ninguna de las fronteras del nuevo Estado Polaco estaba claramente perfilada, suscitando con ello una serie de conflictos. Como la guerra con Ucrania, el conflicto de Wielkpolska, la guerra de Silesia o la guerra con Checoslovaquia ensangrentaron los campos de esta hermosa tierra. Pero fue la guerra contra los bolcheviques la más importante amenaza que gravitó sobre la seguridad polaca. Es importante citar que fueron los franceses los que les dieron el mayor apoyo en estos aciagos días, en cuyas filas se contaba a un joven comandante llamado Charles de Gaulle, que actualmente un monumento en el corazón de Varsovia perenniza la gratitud a este legendario militar galo.
En marzo de 1921 se proclama una Constitución en la que se declara la condición de república a Polonia, pero 18 años después, el 1 de setiembre de 1939, las tropas hitlerianas invaden Polonia y se inicia la Segunda Guerra Mundial y la primavera democrática se eclipsa por largos años hasta los últimos tiempos en los que se autonomizó de la URSS y un nuevo proceso histórico se inicia en este convulsionado país.
Esta hermosa nación ha estado muy cerca del Perú desde los lejanos días de la Conquista.
Posteriormente, aguerridos polacos acompañaron a Bolívar y a San Martín en su gesta libertadora y se inicia una constante en la migración polaca hacia el Perú. Los nombres son infinitos, pero algunos inolvidables como Ernest Malinowski; Witold Szyszlo, cuyo hijo, Fernando de Szyszlo, es uno de los más grandes representantes de la pintura peruana; María Rostworowski de Diez Canseco, distinguida historiadora; Tomás Unger y Edgardo de Habich honran a la tierra de sus antepasados con el aporte que han hecho al Perú. La lista es interminable y grata. Es importante citar que en setiembre de 1923 se establecen las relaciones diplomáticas entre nuestros países y desde entonces una fructífera relación se ha desarrollado. Actualmente, el embajador Przemyslaw Marzec conduce con acierto y profesionalismo la representación de Polonia en el Perú.