Por Ezequiel Fernández. Periodista argentino
Michael Jackson abrió las puertas de su mansión, que era inexpugnable para la prensa, pero advirtió al periodista de la revista "Rolling Stone" que solo hablaría si este realizaba la entrevista con Muscles enrollada en su torso. Muscles era la serpiente de dos metros y medio del cantante pop.
"Ahora que estamos en igualdad de condiciones, podemos hablar. Su terror --dijo Jackson al cronista-- es el mismo que yo siento cuando estoy ante un periodista". Carlos Bilardo está lejos de temerle a la prensa. En su presentación con Maradona, la semana pasada, invitó a pelear: "Yo --desafió Bilardo-- creo que tienen que pegar más. Uno tiene que luchar. Cuando vienen los palos, uno tiene que defenderse y ahí se pone dura la selección".
Puede entenderse. Bilardo se ha criado en esa pelea. Era el director técnico dentro de la cancha del equipo Estudiantes de La Plata, con su fútbol de laboratorio, marcas asfixiantes y al límite del reglamento; el antifútbol, según señalaban sus críticos.
Para el Mundial México 86 su selección jugaba realmente mal, las críticas eran cada vez más duras y Bilardo resistió un intento del poder político para echarlo apenas un mes antes del Mundial. ¿Cómo no comprender el desahogo posterior minutos después del gran triunfo en tierras mexicanas? "Se lo dedicamos a todos, la rep - ", decía el hit del vestuario triunfante tras la final ante Alemania.
Esa misma selección llegó desgastada al Mundial siguiente. Se precisaban esta vez recursos más dramáticos que el de la prensa 'enemiga' para motivar a los jugadores. ¿O acaso aún hoy debemos creer que fue realmente un italiano quien cortó la bandera argentina en la concentración de Trigoria, justo antes de la semifinal contra Italia? "Nos volvimos todos locos, eso fue el condimento justo para motivarnos, nos queríamos comer crudos a todos", contó una vez Sergio Goycochea. El truco salió bien.
Hoy el fútbol y el periodismo han ingresado al mundo del espectáculo. Desafiar de antemano a la prensa a que pegue palos suena demasiado antiguo e infantil. Igual que cortar una bandera argentina. La calidad de los Messi y Agüero no precisa ese recurso.