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EDITORIAL

De nosotros depende

Por Fernando Zavala. Ex ministro de Economía

En el discurso inaugural de CADE 2008 expresé algunos conceptos que hoy, gracias a la difusión masiva que me permite este Diario, amplío en beneficio de la discusión y reflexión que debemos tener sobre el   momento y las posibilidades de   nuestro país, y la responsabilidad y papel que nos toca a cada uno desempeñar.

 Vivimos tiempos muy importantes para el futuro de nuestro país. El Perú es al fin partícipe y no solo espectador del proceso de globalización. Gracias a la firma de diversos tlc continuamos integrándonos en la economía mundial. Diversos productos peruanos ya compiten y ganan más espacio día por día en los mercados  más grandes del mundo, donde son altamente valorados por su calidad. Nos hemos convertido, además, en un polo de atracción para la inversión extranjera directa; inversión que resulta clave para continuar creciendo a buen ritmo a pesar de la profunda crisis financiera internacional.  Estamos en el escaparate mundial, los principales líderes empresariales mirarán al Perú por primera vez o lo hacen con ojos diferentes.  ¿Qué hacer para aprovechar este momento?

El éxito de una economía se basa, entre otros aspectos, en el diseño de una política nacional que defina un entorno favorable para la gestión empresarial, es decir, unas reglas claras y estables que generen confianza en los inversionistas y permitan, además, el acceso al mercado y a la formalidad a los miles de pequeños productores que no son solo motor de una economía saludable sino, además, sujetos que ejercen su derecho a crear riqueza  como debe garantizarlo un estado moderno.

A lo largo del tiempo hemos hecho, y lo continuamos haciendo, recomendaciones para la reforma del Estado,  especialmente en  lo relacionado al fomento de la competitividad y la apertura de mercados.  Sin embargo, una estrategia-país que  genere el contexto adecuado para nuestra oferta de bienes y servicios y para atraer más y mejor inversión no depende únicamente del gobierno de turno. De hecho  esa estrategia-país le corresponde  a todos los que participamos de la actividad económica, los grandes y pequeños empresarios, los artesanos, los agricultores, los gremios, los profesionales.

La gran reforma que tanto recomendamos al  Estado debe empezar por casa.  Es en cada uno de nuestros espacios que debe haber cambios y reformas, abrirnos hacia las nuevas tecnologías, comprender que vivimos tiempos de rápidos cambios como los gustos, preferencias y necesidades de los consumidores, cada vez más preocupados por los temas de salud ambiental, de responsabilidad social, de transparencia y otros tantos que nos competen como empresarios.

Estamos frente a  un gran reto y nuestra responsabilidad es grande porque las corrientes antisistema --que al fin y al cabo no desembocarán en otra cosa más que en la anarquía-- continúan ganando fuerza y espacios, porque seguimos teniendo un 60% de informalidad y  porque en muchas instancias la corrupción es el pan amargo de cada día.

Estas  son, sin duda, algunas de las razones por las que lamentablemente la ciudadanía, los peruanos de a pie aún no confían en las instituciones, en la empresa, no tienen la confianza suficiente para caminar juntos hacia el progreso, ese progreso que va más allá de las grandes cifras y que más bien se vive y goza en el día a día.  Soy un convencido de que el sector privado merece ser reconocido como artífice principal del crecimiento que desde hace 87 meses, de forma consecutiva, disfruta el Perú. Y por esa misma razón considero que es un actor crítico para continuar en la vía del desarrollo.

De aquí al bicentenario tenemos dos escenarios. El más optimista para el 2021 es que hayamos consolidado el crecimiento sostenido, la reducción de la pobreza, la institucionalidad democrática y que la ética, la decencia y la transparencia sean inherentes al quehacer de la vida nacional. Al otro lado está la ingobernabilidad, el antisistema, el retroceso, una economía estancada, la corrupción como norma y la triste posibilidad de haber desaprovechado la mejor oportunidad que hemos tenido en el último medio siglo. Depende de nosotros.

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