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COMENTARIO DEL EDITOR

Las ironías de la religión

Por Virginia Rosas Ribeyro. Editora de Mundo

Las religiones deberían ser puntos de convergencia en la búsqueda de la espiritualidad, pero con frecuencia han sido utilizadas --y lo son hasta ahora-- como pretexto para la violencia. A finales del 2006 el papa Benedicto XVI pronunció en la Universidad de Ratisbona, Alemania, una lección magistral en la que citó una conversación entre el emperador bizantino Manuel II Paleólogo y un erudito persa, en la que el monarca decía que "Mahoma no había traído nada novedoso, excepto la orden de extender la fe mediante la espada". Inmediatamente se desataron las críticas hacia el Sumo Pontífice, quien recibió en el Vaticano a un grupo de embajadores musulmanes a los que les expresó su profundo respeto por el islam.

Semanas después Benedicto XVI visitaba la Mezquita Azul de Estambul, en donde se descalzó y oró en dirección a La Meca. Este acto inusual de respeto hacia una religión con la que la Iglesia Católica ha sostenido trece siglos de malentendidos inspiró a 138 sabios musulmanes que enviaron una misiva al Papa en la que afirmaban que el futuro de la humanidad depende de la paz entre católicos y musulmanes.

La ocasión estaba dada. Benedicto XVI acogió con beneplácito la carta y sugirió la instauración de un diálogo basado en el respeto de la dignidad de la persona y en compartir la experiencia religiosa. Nacía así el I Foro Católico-Musulmán, que tuvo lugar la semana pasada en la Santa Sede y que reunió a 58 autoridades religiosas (29 católicos y 29 musulmanes) abocadas en mejorar las relaciones entre las dos más importantes religiones del mundo.

La reunión, que duró tres días, fue un éxito. "Dejemos los prejuicios del pasado y corrijamos la muchas veces distorsionada imagen que tenemos el uno del otro, que incluso en la actualidad puede crear dificultades en nuestras relaciones", dijo el Papa, quien lamentó el malestar que pudiera haber ocasionado con sus comentarios en Ratisbona. Luego vinieron los abrazos, los apretones de manos y la promesa de un segundo encuentro en un país mayoritariamente musulmán.

En la declaración final, que se difundió en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, los clérigos y delegados condenaron la violencia y el terrorismo en nombre de la religión, abogaron por un sistema financiero ético, resaltaron la igualdad entre hombres y mujeres, así como el respeto a las minorías religiosas.

Hace tres semanas estuvo de visita en Lima Khaled Fouad Allam, profesor de sociología del mundo musulmán en la Universidad de Trieste y uno de los grandes impulsores del diálogo interreligioso. Para Fouad, que se ha convertido en el primer editorialista musulmán de "L'Osservatore Romano", es imprescindible el diálogo entre el cristianismo y el islam, pero no un diálogo basado en una simple suma de los puntos comunes, sino en un acercamiento más filosófico, que permita el encuentro del hombre con relación a sí mismo. Los primeros pasos, aunque titubeantes, han comenzado.

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