El Gobierno del Perú, junto con el de Colombia, ha dado otro paso trascendental y soberano al lograr que las autoridades de la Unión Europea acepten negociar con nuestros países un tratado de libre comercio.
Se trata de un plausible logro de nuestra diplomacia y de nuestra política de apertura comercial, que todos debemos reconocer.
Y es que el tema se había vuelto especialmente arduo en los últimos tiempos, debido a que la Unión Europea promovía legítimamente una negociación bloque a bloque con la Comunidad Andina. Sin embargo, este objetivo se volvió imposible debido principalmente a las absurdas exigencias de los gobiernos de Bolivia y, a su modo, de Ecuador.
En el fondo, como lo hemos explicado reiteradamente, hay diferencias ideológicas y operativas irreconciliables entre los miembros del foro andino, lo que finalmente parece haber sido entendido por las autoridades europeas, que antes descartaban de plano la negociación bilateral.
Efectivamente, mientras por un lado el Perú y Colombia apuestan por los principios del libre mercado, competencia y apertura comercial que atraen inversiones, de otro, los gobiernos de Bolivia y Ecuador, cada uno a su estilo, promueven el socialismo populista y estatizador, siguiendo las directivas del proyecto hegemonista del mandatario venezolano Hugo Chávez.
En esas circunstancias, el Perú y también Colombia hacen valiente uso de su soberanía para rechazar cualquier 'veto' boliviano y ejercer sus políticas de apertura comercial de modo firme y coherente, de acuerdo con el plan de gobierno y los intereses nacionales.
Ello en el convencimiento de que estas políticas son las que mejor funcionan en el mundo globalizado y nos permiten aprovechar al máximo nuestras ventajas comparativas, aumentar nuestras exportaciones, ser más competitivos y crear más empleo sostenidamente. Ya lo hicimos antes con Estados Unidos (a pesar de las trabas que intentó plantear Bolivia) y están en curso negociaciones bilaterales con China y otras naciones, que no deben perder ritmo.
La razón nos asiste, por lo que el presidente boliviano, Evo Morales, se equivoca al intentar responsabilizar al Perú por complotar contra el bloque andino. Nada más alejado de la realidad, primero, porque las trabas para negociar en bloque con la Unión Europea, imponiendo condiciones y plazos absurdos, vinieron de su propio Gobierno y no del nuestro; y luego, porque nada impide que Bolivia o Ecuador se unan ahora al proceso de negociación bilateral iniciado.
En lo que se refiere a la Comunidad Andina (CAN), reiteramos lo que es nuestra postura editorial: ya que ha probado ser reiteradamente ineficaz para procesos de integración comercial, sería mejor que en el futuro se limitara a actuar solamente como un foro político o como un interlocutor para acuerdos de asociación y colaboración con otros bloques, en la dinámica mundial de estos tiempos.