Por: Jaime de Althaus Guarderas
Detrás de los hechos de Sicuani y de otros intentos destructivos, felizmente menos exitosos, tenemos el despliegue de una estrategia que sus propios autores denominan "el camino boliviano". ¿En qué consiste? Pues en reproducir, elevado en el ámbito de doctrina, el método que llevó a Evo Morales al poder: paralizaciones, movilizaciones y bloqueos que desataron una represión militar del gobierno de Gonzalo Sánchez de Losada que terminó con más de 80 muertos, lo que provocó su caída. Luego, su sucesor, el propio Carlos Mesa, tuvo que abandonar el poder --pese a contar con 60% de popularidad-- debido a que restablecer el orden frente a esas turbamultas suponía abrir fuego y muchos muertos, un costo que él no estaba dispuesto a asumir. Por eso, renunció.
Esa es la idea que moviliza al movimiento quechua-aimara del sur que, junto con el Conacami y otras organizaciones, busca provocar una represión de las fuerzas del orden que produzca un número creciente de muertos hasta hacer caer al Gobierno. Para eso engaña a la población sobre temas sensibles, como el agua y las tierras, y la convierte en carne de cañón. Hace tres días contemplamos asombrados la aparente repetición del libreto en Yauyos (Lima): que la hidroeléctrica del Platanal, construida por los chilenos --el proyecto es de Cementos Lima, una empresa íntegramente peruana-- iba a dejar sin agua a los campesinos. ¡Oponerse a hidroeléctricas, la mejor solución ecológica posible! Le hace el juego a esa estrategia la coordinadora político-social (CGTP, Patria Roja, Partidos Socialista y Nacionalista, frentes) que organizó la fallida Asamblea Nacional de los Pueblos y cuyo objetivo es, también, adelanto de elecciones y asamblea constituyente.
El Gobierno tiene el desafío de enfrentar ese movimiento con una estrategia inteligente. Yehude Simon anunció al Congreso que su función no será la de apagar incendios sino "la de estar presente en las distintas localidades del país para escuchar de fuente directa sus problemas, preocupaciones y necesidades (...) La población necesita la presencia de las autoridades del país para sentir que son parte de un mismo Estado".
Ojalá pueda hacerlo de manera sistemática y sin pausa. Pero para que sea efectiva debe llevar a los pueblos una propuesta, un evangelio tecnológico para sacar al campo de la pobreza. Y ese evangelio ya está escrito y probado: son las 18 tecnologías del programa Sierra Productiva de las que tanto hemos hablado, más los avances de Sembrando y algo más. Y una gran campaña de medios. Adelante.