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LA ENCARNACIÓN DEL SUEÑO AMERICANO

El Caso Obama

Por Ernesto Velit G. Internacionalista

Durante su campaña movilizó masas de gente nunca vistas en la historia estadounidense. Desde el inicio fue creciendo su popularidad, y con ella el volumen de las concentraciones y el fervor de su discurso. Fue así, en olor de multitud, que llegó el día de las urnas.

Todos reconocen lo histórico de la elección de Barack Obama como presidente de Estados Unidos. No solo por las particularidades de Obama, sino porque supo representar la demanda de cambio que batía el país de un extremo a otro y recogerla en un discurso renovador, descalificar la propuesta republicana con el ejemplo de Bush, y convertir todo en una esperanza como nunca lo hizo un candidato. Aun los más reacios analistas políticos estadounidenses reconocieron en él la voz de millones de ciudadanos que creen que sus expectativas no se verán frustradas.

Bill Clinton, con la autoridad que el pueblo de su país le reconoce, dice que Obama encarna la voluntad de creer más en los personajes sencillos que en los privilegiados, también la necesidad de resolver los problemas que aquejan a la sociedad y su capacidad de respuesta a situaciones de urgencia, como lo hizo ante la crisis financiera.

Hay quienes lo señalan como el John Kennedy del siglo XXI. Fue el actual senador Ted Kennedy quien recordó que hoy, como en aquella oportunidad con el hermano desaparecido, era preciso atravesar una nueva frontera, porque el mundo está cambiando y las viejas fórmulas ya no sirven. Son estas y otras palabras, como aquellas de Luther King, las que Obama recogió y utilizó a lo largo de su campaña para rescatar una esperanza que la sociedad estadounidense parecía haber perdido.

Su responsabilidad como el primer presidente negro de EE.UU. se multiplica ante expectativas como las de la comunidad negra, a la que dice sentirse orgulloso de pertenecer y a la que ha servido, con bajo perfil, desde su cargo de senador.

Sin embargo, algunas dudas surgen, como cuando se comenta que las donaciones millonarias para su campaña tendrán que ser retribuidas en alguna forma; cuando se teme, y ya se ha denunciado más de un intento, que puede ser víctima de algún desquiciado o cuando se piensa si será consecuente con ese "sueño americano" al que invitó a compartir a sus compatriotas jóvenes que lo respaldaron masivamente.

El carismático Barack, dueño de un verbo persuasivo, orgulloso de su mestizaje, ha ofrecido superar la mediocridad en el cargo que representó Bush; unir a la familia estadounidense dividida ayer por la guerra a la que se suma hoy la crisis financiera y económica; y recoger las angustias de millones de ciudadanos en peligro de perder sus propiedades y convertirlas en esperanza de recuperación, liderando un cambio que le sirvió como grito de victoria.

Decían sus compatriotas, antes de las elecciones, que cualesquiera fueran los resultados, Obama ya había cambiado la forma de hacer política.

Las urnas dieron su palabra. Ya nada será como antes. La era Bush, que algunos calificaron como la era de la infamia, llegó a su fin, sobre todo ese espacio funesto entre los atentados a las Torres Gemelas y el colapso financiero.

Barack deberá estabilizar la economía del país y reformular los fundamentos del capitalismo, proponer un nuevo orden político mundial que garantice la paz, plantear a sus compatriotas un nuevo contrato social y enfrentar los desafíos medioambientales del mundo. Sobre estas realidades, deberá construir los EE.UU. del siglo XXI.

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