Es alentador que, paulatinamente, el mundo esté reconociendo cada vez más el valor de las diferencias culturales de cada grupo humano, no solo como un derecho inalienable, sino también como un factor indispensable a la hora de plantear políticas efectivas de desarrollo y lucha contra la pobreza.
Los ejemplos están a la vista, fuera y dentro del país. Así, quienes luchan históricamente contra la mutilación femenina en Kenia lograron que esta práctica fuera sustituida por otras ceremonias de 'purificación' de la mujer. Y, en nuestro país, cada vez más partos son atendidos por obstetras, debido a que en las zonas rurales se respeta la posición ancestral de parto vertical.
Según el informe Estado de la Población Mundial 2008 del Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA), el respeto por las culturas es clave para superar problemas. Pero, tal objetivo no es fácil, pues hay que luchar con perseverancia no solo para derribar los prejuicios del mundo desarrollado sino también los de las propias comunidades.
De la misma manera, con gran realismo y sentido común, el informe enfatiza que "la sensibilidad y el involucramiento culturales no significan aceptar las prácticas tradicionales nocivas, ni dar carta blanca a los abusos contra los derechos humanos". Ello, sin embargo, implica un arduo trabajo de concientización y aprendizaje.
El tema se torna trascendental si reparamos en que gravísimos problemas de nuestro tiempo, como la pobreza, el analfabetismo y la discriminación tienen raíces y patrones culturales.
Efectivamente, el informe del UNFPA corrobora que tres de cada cinco pobres en el mundo son mujeres, dos de cada tres analfabetos son mujeres y siete de cada diez niños que no van a la escuela son mujeres, una cruda realidad que no podemos dejar de considerar y afrontar.
En cuanto al Perú, si bien el informe consigna un drástico descenso en la tasa de mortalidad infantil en general, lo que es plausible, al mismo tiempo revela que el problema del embarazo adolescente ha recrudecido y exige soluciones urgentes.
Como puede verse, el mencionado organismo de las Naciones Unidas ha avanzado bastante al poner en la agenda global el tema y proponer alternativas de solución. No obstante, queda aún mucho por hacer en diversas partes del planeta, por lo que es pertinente el llamado a todas las instituciones oficiales, nacionales e internacionales, a trabajar también bajo un enfoque de respeto cultural, aunque ello represente un mayor presupuesto.
Todo ello en el convencimiento de que, finalmente, la inversión en población es la menos costosa y la que más reditúa en el largo plazo tanto en el respeto a los derechos humanos y la dignidad de la persona cuanto en el logro de los urgentes objetivos nacionales de inclusión y erradicación de la pobreza. Se trata de un mensaje que debe hacer reflexionar y poner en alerta a las autoridades peruanas.