Por Juan Manuel Robles. Escritor
La psicología es una ciencia asombrosa y los dirigentes de Alianza hacen bien en usarla. El combustible mayor de todo guerrero es la autoestima y esos hombres, los psicólogos, saben cómo sacarla a flote por una módica suma. Son como personal trainers del amor propio. Sus técnicas sorprenden al mundo. Con ayuda de la terapia, el 'Zorrito' Aguirre podrá enfrentarse a sus miedos, explorará su mente y sabrá que es capaz de llegar al cielo si despeja la ciénaga de incertidumbre que agobia su alma. ¿Qué temores tienes, 'Zorrito'? ¿Eres feliz, Johnnier? Concéntrate en tus logros, Henry, el poder está dentro de ti. Piensa en el gol. Tu sola existencia es la confirmación de un gran ascenso, en tus piernas duerme el éxito.
El balón es tu amigo.
La terapia surtirá el efecto deseado, o sea, la metamorfosis. El futbolista descartará conceptos limitantes que le impiden alzar vuelo. Se le dirá: no mires tus carencias, concíbete como un administrador de la Abundancia. La mente es el arma más poderosa que tenemos, y el futbolista que lo entienda saldrá a la cancha convertido en una entidad invencible que inflará el pecho e infundirá temor a sus rivales. Es así como debe enfrentar cada uno de los jugadores aliancistas lo que queda del Clausura. Son chicos talentosos, pero les falta 'actitud'.
--Tienen que reforzarse mentalmente.
Eso fue lo que dijo el dirigente Rolando Sánchez al anunciar la decisión de recurrir a la asesoría psicológica. No precisó si la terapia también incluía a los dirigentes. Presumimos que no, pues ellos son muy estables. Como se sabe, Matute ha empezado a sentir terror al descenso y, a grandes problemas, grandes soluciones: a remediar la mente.
Yo no tengo nada contra los psicólogos, me caen bien, pero admito que su presencia entraña un peligro: concebir a este profesional como un forense que busca la grandeza perdida del cadáver-jugador. Un reparador del talento (un talento del que nadie se atreve a dudar). Contratar psicólogos es síntoma de desesperación, pero también de arrogancia: vemos la derrota como un fracaso del espíritu, no del cuerpo.
Así las cosas, el psicólogo pasa a ser un sacerdote de la fe y la buena 'vibra', y la psicología se confunde con la parapsicología. Fuerzas inmateriales, oscuras, etéreas ("los fantasmas" es un tópico perturbadoramente común entre los periodistas deportivos) impiden al equipo ganar, entonces vamos a atacar a esas fuerzas con otras igualmente invisibles y poderosas. De hecho, Roberto Chale, técnico del Alianza 2005, aceptó una 'limpia' con El Huachano para superar la mala suerte.
No es un tema nuevo. La salud emocional del jugador peruano nunca permitió simplezas conceptuales como eso de luchar por la victoria: necesitamos estímulos extra. Nuestro fútbol ha tenido a maestros de la psicología amateur, como aquel dirigente que en México 70 tuvo la idea de sacar tierrita de una maceta y decirles a los muchachos que era tierra del Perú, donde acababa de ocurrir un terremoto. Fue en el entretiempo. Perú perdía 1 a 0 contra Bulgaria y el dirigente echó la tierra al piso. Si la historia es cierta, hizo una especie de chantaje: "piensen en sus hermanos que sufren". Al final, Perú ganó 3 a 2. El caso merecería una tesis doctoral.
Yo antes pensaba que la psicología no era relevante, que lo que de verdad importaba era entrenar duro para competir. Ahora creo que el jugador peruano solo reacciona a golpes de efecto, happenings, como ver al viejo Teófilo Cubillas apareciéndose de improviso en los camerinos de Alianza para decir: el domingo vamos a ganar, muchachos.