Por Hugo Guerra
Fascinado lector, la repentina reaparición de Rómulo León y su aparente decisión de ponerse a derecho deberían devolver la tranquilidad política al país, pero no va a ser así. Queda la grave duda respecto a si esa autoentrega es real (pese a las cartas que envió desde la clandestinidad pidiendo apoyo para que le modificaran la detención por comparecencia), o si hubo algún tipo de negociación furtiva con el poder político para ocultar pruebas y denuncias a cambio de eventuales sanciones poco severas. El espacio para las especulaciones se abre por varios motivos: desde el involucramiento de una serie de personalidades gubernamentales en la hemorragia de audios y correos ilegalmente interceptados, hasta la ineficiente búsqueda policial de un fugitivo que, al final, parece haber estado escondido en plena capital.
De aquí en más es seguro, entonces, que en el Congreso y la prensa habrá mucha leña para el fuego purificador, pero también para la fogata demagógica. Pero con todo es poco factible que, más allá de demostrarse el delito de poca monta de la dupla León-Quimper, se logre profundizar en la verdadera magnitud de un sistema de corrupción que campea transversalmente en la administración del Estado, lo mismo que en el sector privado.
Entretanto, lo más peligroso es que estos días siguen circulando rumores, correos y llamadas telefónicas anónimas que anuncian el estallido de una catástrofe sin igual en cuanto termine la cumbre del APEC. Y es que en la versión menos ridícula se dice que existiría un 'patriótico' comando Escorpión dispuesto a publicar miles de audios, videos y e-mails ilegalmente obtenidos, en los que se involucraría a decenas de políticos, empresarios y otros personajes públicos. Como dice un amigo periodista, "si solo la mitad de eso es verdad, estamos en vísperas no de un escándalo, sino de la caída del régimen".
Prefiero suponer que hay mucho humo saliendo de paja acumulada y que solo se trata de un psicosocial o del morbo de algunas mentes afiebradas, porque lo contrario significaría que quienes controlan la industria del 'chuponeo' tienen capacidad de tomar el poder político en el Perú. Por eso --y aunque con esto atente contra la fiesta que cierta prensa podría armar con las denuncias fabricadas a cualquier precio-- es indispensable que de una vez por todas se aclare de dónde proviene la interceptación ilegal. Mientras eso prosiga, en nuestro país cualquier cosa puede ocurrir.
Florida, noviembre del 2008