Por Jaime Cordero. Periodista
Sabemos que no lo va a hacer, pero no por eso es ocioso recordar las razones por las cuales Manuel Burga debería hacernos un favor a todos y bajarse del carro de la Federación Peruana de Fútbol, antes de que su tozudez nos cueste la tan temida suspensión.
Eso de que está inhabilitado, que no es reconocido por el IPD y tampoco por Registros Públicos es una leguleyada. Al final de cuentas, si Burga tiene que irse no es porque se niega a someterse a los dictados de Woodman o del Gobierno, sino por el daño que le está haciendo al fútbol. Por tolerar --pese a sus iniciales propuestas de formalización-- que todavía haya equipos de Primera sin divisiones menores ni canchas propias, por haberse rodeado de dirigentes de la peor clase --Silvestri, Enciso, Mallqui--, por haber avalado amnistías y demás resoluciones absurdas, por haber sido incapaz de crear un entorno favorable para la selección, por ser la cabeza de un fútbol que va rumbo a ser el más malo de Sudamérica.
Burga tiene que irse porque su gestión es un desastre. Ese es el fondo del asunto.