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PUNTO DE VISTA

La rendición de cuentas

Por Gonzalo Galdos*. Ingeniero

Si usted es padre de un hijo emprendedor que está en la universidad y si sus ideas parecen interesantes, ¿las financiaría? ¿Sería su socio o le entregaría el dinero permitiéndole utilizarlo en forma autónoma y sin restricciones? ¿O acaso piensa usted que es indispensable aconsejarlo y guiarlo en sus primeros emprendimientos y que, para ello, el potencial empresario tendría que sustentar y obtener su aprobación para cada uno de los desembolsos importantes? En otras palabras, rendirle cuentas en forma periódica.

No sería raro que su hijo lo cuestione: "Papá, yo quería formar mi empresa, que fueras mi socio y resulta que ahora la empresa es tuya y que trabajo para ti". Habría que explicarle que, incluso entre socios cercanos, rendirse cuentas es una práctica saludable. Que en una empresa seria y formal es indispensable este principio, especialmente porque los administradores y gestores están tomando decisiones con diferente riesgo, usando un dinero de los accionistas.

Probablemente el joven replicará: "¿No me tienes confianza?". En ese momento usted, conmovido, le explicará que el principio de rendición de cuentas es una forma objetiva y directa de crear y fortalecer la confianza, de evitar decisiones innecesariamente riesgosas o intuitivas. Le explicará que promueve disciplina en el uso de los recursos y que obliga a ponerse en el lugar de aquellos a los que rinde cuentas, entender su forma de pensar y de actuar, un ejercicio que multiplica perspectivas e ideas.

Él le dirá que eso complica las decisiones y las hace lentas. Entonces, le explicará que todos hubieran querido que en la reciente crisis algunos jefes y gerentes de instituciones financieras que hoy ya no existen se hubieran tomado más tiempo analizando esas ideas 'recontrasuperhipercreativas' llamadas "subderivados" y que no habrían sido seducidos solo por la avaricia de su "rentabilidad". Y que él podría haber acudido a una incubadora de empresas o pedir un préstamo.

Convencido, su hijo le preguntará: "¿Por qué ese nombre tan feo? Rememora servidumbre". Entonces, le explicará que la historia y el diccionario han sido crueles con este principio, pues alude a quien tiene que explicar o justificar, pero que ha evolucionado, convirtiéndose en "una decisión personal que va más allá de las circunstancias y demuestra que el sentido de propiedad de todos los involucrados puede ayudar a lograr resultados sobresalientes". Así, el joven entenderá la esencia de la estructura social de una empresa.

Usted le dirá que, en el fondo, la rendición de cuentas no solo aplica para hacer empresa, sino para todas las acciones de la vida. Implica la voluntad de asumir responsabilidad por sus resultados, cumplir lo ofrecido y aceptar las consecuencias, corrigiendo errores y honrando obligaciones y expectativas.

Dicho esto, si todo sale bien, asistiremos al nacimiento de un buen empresario y al reconocimiento de que se puede ser buen padre y también buen socio.

* DIRECTOR DE LA ESCUELA DE POSGRADO DE LA UPC.

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