ANÁLISIS
Por Román Ortiz. Analista político (*)
La relevancia estratégica de ciertas mercancías va más allá de su valor de cambio. Tiene que ver con su capacidad para entregar poder a quienes las poseen y transformar los entornos políticos y sociales donde se hacen presentes. Ahí está el salitre en la costa del Pacífico sudamericano durante la segunda mitad del siglo XIX, que fue un recurso decisivo en los esfuerzos para construir los Estados independientes de la región y terminó alimentando la Guerra del Pacífico entre Chile, Perú y Bolivia. Una dinámica muy parecida a como se desarrolló la competencia de las grandes potencias europeas por asegurarse el carbón para alimentar su progreso industrial antes de la I Guerra Mundial. Con estos antecedentes parece lógico pensar que el petróleo, en su calidad de fuente de energía clave, haya adquirido el poder de una piedra filosofal capaz de transmutar democracias en dictaduras y crear grandes potencias de la nada.
El poder casi mágico del oro negro ya se había comprobado en la crisis de 1973 cuando los países exportadores de petróleo, en su mayoría árabes, decidieron multiplicar el precio del crudo poniendo de rodillas a los gobiernos occidentales y acumulando fabulosas fortunas. Pero este antecedente palidece ante las dimensiones del terremoto geopolítico provocado por la última escalada del crudo desde cerca de 20 dólares a principios de la presente década hasta su máximo de 147 a mediados de este año.
Para empezar, el petróleo ha incrementado el valor estratégico de zonas que antes pasaban inadvertidas. Tal es el caso del sur del Sudán, donde China ha respaldado los esfuerzos del gobierno fundamentalista islámico de Jartum por frenar los intentos separatistas de un grupo de raza negra con vistas a acceder a los yacimientos de petróleo que guarda el subsuelo. De igual forma, también la búsqueda de nuevos depósitos de crudo parece explicar el interés de Nicaragua y Venezuela por afirmar su control sobre ciertas áreas del Caribe en disputa con Colombia.
Pero es que además, el crecimiento de la renta petrolera ha tenido un impacto demoledor sobre el juego político interno de algunos países. En Iraq, la falta de acuerdo sobre cómo repartir la riqueza proveniente de los hidrocarburos ha sido uno de los factores que ha alimentado el conflicto entre chiitas, sunitas y kurdos. Entretanto, gobiernos con vocación totalitaria como el de Chávez en Venezuela han consolidado su control sobre la sociedad manipulando los fondos provenientes del petróleo para desarrollar programas sociales asistencialistas destinados a conquistar el apoyo de ciertos sectores populares.
Finalmente, el nuevo 'boom' del petróleo ha hecho saltar en pedazos los equilibrios internacionales. Solo los 6 millones de barriles de crudo exportados por Rusia pudieron dar al Kremlin la capacidad militar para invadir la pequeña república de Georgia. De igual forma, los planes para desarrollar un arma nuclear de Irán serían insostenibles sin los recursos proporcionados por las segundas exportaciones mundiales de petróleo.
A la vista de semejante impacto estratégico de los regímenes autoritarios basados en el petróleo, no es extraño que muchos vean el presente hundimiento del precio del crudo a menos de 60 dólares como un premio de consolación producto de la recesión que aqueja a la economía mundial. Sin embargo, la expectativa de que el abaratamiento de la energía empobrezca a un buen número de tiranos de todo el mundo podría resultar un espejismo. Un estudio del Royal Institute of International Affairs (Paul Stevens, "The Coming Oil Supply Crunch") señala que la caída del precio del petróleo puede ser temporal dado que el sector padece un déficit de inversión que promete dañar su capacidad para satisfacer la demanda en los próximos años. El resultado sería escasez y encarecimiento, no porque no haya petróleo en el subsuelo sino porque monopolios ineficientes bajo control estatal no están siendo capaces de extraerlo al ritmo que demanda el mercado. En consecuencia, es probable que al menos en el futuro más próximo el mundo siga bajo la amenaza de un grupo de tiranos armados con los dólares que les proporciona el oro negro.
(*) COORDINADOR DEL ÁREA DE ESTUDIOS DE SEGURIDAD Y DEFENSA. FUNDACIÓN IDEAS PARA LA PAZ.