ANÁLISIS ECONÓMICO
Por Juan Zegarra
APEC también será la semana de los TLC. Este gobierno anda empeñado en registrar su nombre en la historia como el que impulsó el mayor número de acuerdos comerciales. Para empezar está la eventual cita entre George W. Bush y Alan García para anunciar que la implementación del acuerdo con el primer país desarrollado del mundo está casi lista o finalizada, con lo cual a inicios del 2009 podemos arrancar con su ejecución. Del mismo modo, se dará el anuncio del cierre de negociación con la emergente China y otra vez el presidente lucirá su mejor sonrisa para retratarse junto al mandatario chino, Hu Jintao. Y para mostrar esa disposición de libre mercado, la mejor credencial en el APEC, también cabría en la agenda el anuncio de las negociaciones de un TLC con Corea del Sur --potencia tecnológica y con una mano de obra altamente calificada-- donde otra vez García aparecería al lado del presidente coreano, Lee Myung-bak.
Hasta aquí todo bien. Es decir, creemos en el modelo económico que facilita las inversiones y alienta la creatividad empresarial. Pero cuánto ha hecho este gobierno a la mitad de su mandato a favor del TLC interno. Más allá de sus esporádicas acciones y financiamiento de ciertos programas, aún notamos un déficit en ese camino. No negamos un avance pero la valla hay que ponerla más alta.
Un objetivo nacional es alcanzar y traspasar a Chile en materia de crecimiento económico y desarrollo social. El punto es que no lo haremos solo por haber suscritos más TLC que ellos. El rival y vecino del sur se apuró junto con la firma de acuerdos comerciales en fijarse ciertas tareas internas. Emprendió una reforma tributaria; hizo una apuesta total por la educación teniendo como objetivo potenciar su capital humano; definió un ambicioso plan de infraestructura para que, por ejemplo, su producción vitivinícola llegue rápido y a menor costo hasta los puertos; y finalmente aceleró una reforma legal.
El acento del gobierno en estos años se ha concentrado en la reforma legal, lo cual es significativo. Sin embargo, en el resto de áreas todavía está en debe. Y no solo por inconsistencia del poder político sino por falta de visión de otros sectores como el empresarial y el de las propias universidades. Un tema urgente es conectar a los centros de estudios con la empresa privada y fundar entre ambos una alianza con mirada de largo plazo.
Los TLC, bien negociados y concebidos para el interés nacional, son positivos, pero a la par tiene que existir una mayor discusión de nuestras políticas públicas. El debate no solo sirve para ventilar ideas sino que facilita el alcance de consensos y permite llegar a la fase de la implementación.
Mientras en el Perú los discursos y la tinta discurren sobre asuntos carcelarios, en Chile analizan el problema del calentamiento global; en Brasil el eje de la polémica ambiental es el cambio climático y en Colombia se plantean cómo resolver los inconvenientes causados por la migración. Estos son los temas del momento para nuestros vecinos. Acaso estamos planteando qué hacer en el supuesto de que el vaivén climático afecte nuestra producción de anchoveta o espárragos, valores de nuestra oferta exportable.
Es cierto que los TLC bien aprovechados no solo implican un mejor comercio sino la tan ansiada cooperación técnica. Pero no es la fórmula mágica. Las otras variables que juegan son la producción no solo en cantidad sino con alto valor agregado, un capital humano capacitado y un país habilitado. Pensemos con visión estratégica y no solo en la oportunidad de la foto de APEC.