Por: Francisco Belaunde Matossian. Internacionalista
Estados Unidos ha tumbado barreras raciales y ha ajustado cuentas en buena medida con su propia historia al elegir como presidente a Barack Obama, lo que es admirable. Pero también, lo que es muy importante, ha dado al mundo una gran lección de democracia.
Bienvenida sea, porque hacía mucha falta. Las noticias en ese terreno han sido desalentadoras en los últimos años, no solo porque el sistema democrático no se ha consolidado a nivel global, sino también porque lamentablemente EE.UU. ha enviado un conjunto de mensajes que han hecho bastante borrosas las líneas divisorias entre lo que se supone constituye el campo democrático y lo que no lo es: la invasión de Iraq, los abusos en la cárcel de Abu Ghraib, las detenciones en Guantánamo, la autorización de la tortura, el espionaje electrónico sin orden judicial de por medio, entre otras señales deplorables.
Lo anterior es particularmente grave por el papel de liderazgo que le incumbe a EE.UU. El desprestigio en el que cayó ante los ojos de muchos es, en ese sentido, un serio golpe. La crisis de las hipotecas que se ha expandido por el globo tampoco ha ayudado mucho. Es decir, EE.UU. le debía una buena noticia al mundo. Se la acaba de dar, y de qué manera.
Se podrá objetar, entre otros aspectos, que el libre comercio probablemente no va a salir ganando por las conocidas posiciones proteccionistas del partido del presidente electo, pero el hecho es que, en términos políticos, era necesario que la superpotencia se reencontrara con el mundo. Se ha comenzado a dar, como lo demuestra la abrumadora simpatía que despierta Barack Obama en la mayoría de países.
En 1980, Reagan hizo de la frase "America is back" su lema electoral. De esa manera quería indicar que con él se acabarían las dudas y el desconcierto que se apoderaron de EE.UU. tras la guerra de Vietnam y la crisis económica iniciada la década anterior. El lema era usado en contraposición a su adversario demócrata, Jimmy Carter, que era presentado como un símbolo de debilidad y decadencia, más aún después de la humillación que significó para su país la toma, en 1979, de decenas de rehenes en la embajada estadounidense de Teherán por estudiantes partidarios del recién instalado régimen islámico de Irán.
Ahora, por motivos distintos, se puede repetir la frase aunque habrá que esperar la acción de Obama y los resultados que obtenga para confirmarla.
Más allá de los inmensos retos que tendrá que afrontar el nuevo mandatario en los campos económico, ambiental o de lucha contra el terrorismo se espera que, en adelante, Estados Unidos busque sustentar más su poderío y su influencia en el ejemplo de su democracia y de sus instituciones, y en el buen funcionamiento de su economía, que en sus armas o en posiciones unilaterales en política internacional.