Don Faustino no entiende muy bien lo que está pasando en la Plaza de Armas de Trujillo. Mientras que a los pies del monumento principal un grupo de manifestantes rechazan la presencia en el Perú del presidente de Estados Unidos, George W. Bush, por un costado ingresan, casi de la mano, decenas de turistas portando una enorme sonrisa publicitaria. Una postal que Faustino y muchos de los trujillanos difícilmente podrán olvidar porque demuestra que aquella frase que dice que el Perú está de moda --y no solo económicamente hablando-- es cierta.
Un total de 1.258 turistas, entre estadounidenses, canadienses y holandeses arribaron al puerto de Salaverry como parte de la travesía que realizan desde hace tres meses por todo el Pacífico a bordo del lujoso crucero Statendam. Así, dejaron la comodidad de su hotel de cinco estrellas flotante y bajaron para conocer la Catedral y las calles del centro histórico. Incluso alguno aprovechó el tiempo y se fue a ver las ruinas de Chan Chan. Muchos de ellos ni se imaginaban la belleza que depararía Trujillo para sus visitantes. Por eso la sorpresa y la cantidad de destellos de sus fieles cámaras fotográficas.
La nave, de la línea de navíos Holland America, y que llegó a Salaverry gracias a la empresa Tramarsa, abrió sus puertas a El Comercio para mostrar como se vive adentro, allá en altamar: tiendas comerciales, dos piscinas, tres restaurantes, discotecas, casino, teatro, cine, salón de belleza, biblioteca y otras instalaciones. Según indicó el capitán Ryan Whitaker , esperan realizar más visitas a Trujillo porque les pareció una ciudad increíble. Preciosa.