Por Gladys Triveño
Así como ocurre con el viento o la lluvia, el efecto del APEC sobre los peruanos depende de dónde está parado cada quien. Para algunos, fue positivo. Estuvieron en casa los representantes del 45% del mercado mundial y les vendimos la imagen de un país seguro para las inversiones, donde es posible encontrar socios estratégicos y consolidar alianzas.
Para otros, fue una posibilidad de vender un poquito más. Algunas mypes de Lima y las regiones se beneficiaron económicamente, quienes vendieron las heliconias para los arreglos florales, los proveedores de insumos para preparar los alimentos, los hoteles que hospedaron a las delegaciones de apoyo, las empresas de taxis, los restaurantes.
Para un gran grupo, sin embargo, esta ocasión solo representó y representará por un buen tiempo una oportunidad, un quizá. El gran reto es que podamos crear las condiciones para que la mayoría se beneficie de los acuerdos comerciales. Lo más difícil es lograr que les sirvan a todos.