ARTE CHINO
Por Carlo Trivelli
Es la historia de un desencuentro. "Girasol" (2005) del cineasta chino Zhang Yang narra la historia de un pintor que vuelve de los campos de trabajo, a donde lo desterró la Revolución Cultural, para reencontrar a su hijo, al que apenas conoce. El filme narra las siguientes tres décadas de esa relación como un largo intento por salvar la distancia, impuesta por los cambios sociales, que separa a padre e hijo. El padre quiere que su hijo se convierta en el pintor que él quiso y no pudo ser, pero en ese afán lo agobia y el hijo se niega a seguir un camino trazado por otro. Al final, sin embargo, el joven se vuelve un artista de éxito, lo que enorgullece y destroza al padre, pues el tema de sus cuadros es el desgarro familiar.
No resulta casual que los cuadros que se muestran en el filme sean del reconocido artista Zhang Xiaogang, cuya obra se caracteriza por abordar las relaciones de familia a partir de viejas fotos de la época de la Revolución Cultural. Es eso lo que se nota en "En mis sueños: pequeño general" (página opuesta), en la que el uniforme militar y la desnudez del niño muestran el conflicto entre las grandes expectativas sociales y la vulnerabilidad individual, entre los sueños que se nos imponen y la imposibilidad de lograrlos.
Las consecuencias de los cambios sociales acarreados por la modernización y el conflicto con la tradición son temas recurrentes en el arte chino contemporáneo y no solo en lo referente a las relaciones familiares, sino en todas las esferas: la relación con el pasado, la urbanización, la ecología y la política.
La huella de Mao
Zhang Yang le puso "Girasol" a su película porque las experiencias que en ella narraba se centraban todas, en última instancia, en la figura de Mao Tse Tung, considerado en su país como el sol. En palabras del propio Zhang "todo gira alrededor de ese sol. Las relaciones entre padres e hijos, los recuerdos, las canciones e incluso la esperanza".
Esa impronta del líder de la Revolución China puede verse, en mayor o menor medida, en todo el arte contemporáneo chino. Ahí están, para demostrarlo, trabajos como los de Wang Guanyi y Shi Xinning. El primero, en su estilo de arte pop político, confronta los íconos de la Revolución Cultural con los del capitalismo actual (un afiche revolucionario en el que se lee la marca Marlboro, por ejemplo) de una manera en la que ninguno resulta favorecido y, más bien, se critica el culto a ambos. El segundo trabaja con fotos históricas, como la conocida imagen de la Conferencia de Yalta, e incluye en ella la figura de Mao, en una suerte de arreglo de cuentas con la historia que pone en cuestión el eurocentrismo de la visión occidental y el aislacionismo chino.
De política también se ocupan Sun Yuan y Peng Yu. Ambos artistas presentaron "Hogar de ancianos" en la muestra "La revolución continúa" de la galería Saatchi. En esta instalación se puede ver cómo varias estatuas de tamaño natural, sentadas en sillas de ruedas eléctricas, se mueven aleatoriamente por el piso de la galería y chocan torpemente unas con otras. El filo del asunto radica en que estos personajes se asemejan a versiones envejecidas de líderes mundiales de diversas nacionalidades y religiones. Una especie de proyección de la política actual a una esfera invadida por el mal de Alzheimer.
Peligros del mercado
A partir de la vivencia de los cambios sociales y la creciente occidentalización de su entorno cultural, los artistas chinos han desarrollado una vitalidad y una creatividad impresionantes. Y esa mezcla de calidad y novedad los ha convertido en las estrellas comerciales del momento: Algunos ya cotizan sus obras por encima del millón de dólares (al mismo nivel que monstruos comerciales como Damien Hirsh o Jeff Koons) y, el año pasado, casas de subasta como Christie's y Sotheby's vendieron arte chino por 190 millones de dólares (casi 9 veces más que el año anterior).
Desafortunadamente, ese ascenso de los artistas chinos en las subastas de arte tiene sus bemoles. Son cada vez más generalizadas las críticas, tanto desde dentro de China como desde fuera, acerca de las prácticas de producción masiva (en la que trabajan más los asistentes que los propios artistas) y del desfase entre precio y calidad artística. Pero, como anuncia el título de la muestra que presenta actualmente la galería Saatchi, la revolución continúa. Y, al parecer, está aquí para quedarse.
ARTE NIKKÉI
Dilemas de identidad
En el marco del APEC. La sala de arte contemporáneo del Museo de Osma ofrece una breve muestra del arte nikkéi en el Perú actual. Desarrolladas en pintura, fotografía, escultura, cerámica y técnica mixta, las obras de Haroldo Higa, Jaime Higa, Patssy Higuchi, Eduardo Hirose, Érika Nakasone, Carlos Runcie Tanaka, Venancio Shinki y Eduardo Tokeshi ofrecen una diversidad técnica y temática que oculta el común denominador que los ha reunido en esta muestra: el hecho de ser artistas descendientes de japoneses.
Y es que para varios de los artistas reunidos en la muestra, la identidad nacional o cultural ha sido un tema de reflexión, no solamente artístico, sino también vital. Dos de los más conspicuos, Tokeshi y Runcie, han dedicado amplias series de trabajos al problema de ser a la vez peruanos y japoneses, de haber crecido en un mundo anclado acá pero arraigado al otro lado del Pacífico. El cangrejo, ese ser que vive en la orilla entre dos mundos, la arena y el mar, ha sido por tiempo uno de los símbolos recurrentes del ceramista Carlos Runcie (y, por extensión, las bolitas de arena que deja el cangrejo o la esfera que aquí presenta, cargan con parte del mismo significado). Por su parte, Tokeshi es muy conocido por sus serie de banderas del Perú, en las que ha plasmado sus dilemas de identidad en un país que, siendo suyo, lo ha marginado en más de una ocasión.
Pero no solo ellos. En la selección personajes para la elaboración de los pequeños ídolos que presenta, Haroldo Higa deja entrever su pertenencia al mundo oriental a la vez que al andino. Y tanto en él como en Jaime Higa, la presencia de lo pop tiene siempre referentes japoneses. Pero claro, a pesar de que muchos de ellos puedan sentirse botellas de sillao llenas de Inca Kola (como declara Tokeshi), no cabría esperar que todo su trabajo se centrara en la reflexión acerca de su identidad social o cultural. Y la muestra también deja ver eso. De todos modos, se demuestra una vez más que la mezcla es tanto la fuente de los problemas como de las virtudes del ser peruanos.
FICHA
Arte nikkéi contemporáneo en el Perú
DÓNDE Museo Pedro de Osma (Av. Pedro de Osma 421, Barranco)
HORARIOS de martes a domingo de 10 a.m. a 6 p.m. Entrada libre