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PANTALLA CON HISTORIA. "En vivo y en directo"

Se busca la confianza perdida

CONMEMORANDO LOS 50 AÑOS DE LA TELEVISIÓN EN EL PERÚ, EL FONDO EDITORIAL DE LA UNIVERSIDAD DE LIMA LANZA UNA ACTUALIZADA EDICIÓN DE "EN VIVO Y EN DIRECTO", LIBRO EN EL QUE EL CRÍTICO FERNANDO VIVAS ANALIZA LOS SUEÑOS, LAS PESADILLAS Y LOS MONSTRUOS QUE PERDURAN EN NUESTRAS PANTALLAS

Por Enrique Planas

Ocho años después de su primera edición, Fernando Vivas reedita un libro con el que todos los lectores celebraremos críticamente los 50 años de la televisión peruana. Y para actualizar la nueva versión, que viene con nuevo formato, se añade un nuevo capítulo de 120 páginas para intentar definir los tiempos televisivos posteriores al fujimorismo y el papel interpretado por lo que él llama "los monstruos". No es gratuita tal cantidad de páginas, pues el tema resulta especialmente complejo: se trata de casi una década en la cual la TV --como advierte el crítico de televisión de El Comercio-- lucha por recuperar la confianza del televidente. "Luego del año 2000, cuando acabé el libro, vino toda esta terrible crisis de desconfianza. Se descubrió que la televisión era la principal cómplice de la mafia en el poder y la gente replanteó su mirada hacia muchos aspectos de la televisión. Al principio pensé que un capítulo de actualización iba a ser un simple agregado, pero terminó convirtiéndose en un ensayo con un esfuerzo interpretativo mayor", explica.

¿Por qué crees que la televisión demora tanto en reencontrar la confianza del público?
Al principio no lo quería creer, pero ahora lo reafirmo: ha sido más difícil recuperar la confianza para la televisión de ficción que para la televisión periodística. Es curioso, pues la televisión periodística se alió con el poder. La gran ironía es que fueron precisamente imágenes registradas de una manera neutra por Vladimiro Montesinos las que permitieron tomar conciencia de todo el mal nacional. Y la gente cree en esas imágenes, registradas de forma neutral, que es lo que supuestamente hacen los noticieros, los cuales todavía gozan de gran popularidad y credibilidad. Su ráting es muy grande y son piezas importantes en el horario estelar. Hay más desconfianza en las elaboraciones periodísticas del fin de semana, en las ficciones, en los personajes que conducen de una manera animada y personal sus programas. La gente cree en mucho más en un ampay de Magaly que en toda la labor creativa que los ampayados puedan tener en telenovelas u otros programas.

Por razones obvias, el género del 'talk-show' ha sido eliminado de la programación, pero en el caso de la 'inocente' telenovela, esta ha dejado su lugar a las miniseries. ¿Por qué?
Hay miedo de empezar la gran empresa de la telenovela a pesar de que, económicamente, es más aconsejable porque captura audiencias por mucho tiempo. La televisión actual, a la que le resulta difícil planificar una telenovela de envergadura, opta por la miniserie, más pequeña y validada por la realidad inmediata. Son biografías de ídolos que ya han pasado por la prueba del ráting. Hay miedo de narrar, de fabular. Hay una gran desconfianza hacia la ficción y una mayor confianza en lo registrado de la realidad .Tenemos un país tan rico en historias para contar y, sin embargo, lo vemos contado muy pobremente en la televisión. Tan pobre que "Dina, la lucha por un sueño", el gran éxito de sintonía de la ficción en la última década, se produjo con solo diez mil dólares, y una pobreza dramatúrgica tremenda.

En el tema del humor, dices que actualmente tiene más presencia el remedo que el gag...
El remedo siempre ha sido importante. Los primeros programas cómicos en la tradición de la revista sabatina marcaron la tendencia del cambio del 'sketch' por el remedo y el humor de golpe y porrazo, más espontáneo e improvisado. Guillermo Guille lo explica muy bien en el libro, al contar cómo va prescindiendo de los libretos...

¿Tiene que ver eso con la crisis de la ficción que señalas?
La tendencia viene de antes del 2000. El humor va dejando lo narrativo del 'sketch' y se vuelve más improvisado y localista. La improvisación vende mucho en televisión. En ella encontramos una válvula de escape, aquello que no se dice o no se sabe decir en otros géneros televisivos. El humor conjura de una manera cínica y desenfadada el sentir de la televisión sobre el país. A partir del 2000, por la crisis de desconfianza hacia la televisión de comentario político, se desplazaron hacia el humor las ganas de editorializar y burlarse de los políticos y de los poderes.

Hablando de crisis, no podemos dejar de hablar de la caída de uno de los monstruos del libro: Magaly Medina...
Lo de Magaly Medina tiene un componente trágico. La agonía de su credibilidad, ahogada por la soberbia de no rectificarse aun viéndose presa, los problemas de confianza con su propio equipo, la duda de si volverá o no a la TV, su pulmón artificial de vida...

¿Crees que su paso por la cárcel afecte su regreso a la pantalla?
Sí. Fue interesante cómo reaccionaron los monstruos ante un suceso tan importante como la carcelería de Magaly. No los llamo monstruos porque sean especialmente perversos, sino porque nos asombran con su brillo, sus acciones, sus actitudes, su genialidad en algunos casos. Ellos reaccionan de una manera distinta de los mortales. Recuerdo que Beto Ortiz en un primer momento dijo que con la cárcel iban a convertir a Magaly en una heroína. César Hildebrandt también señaló en una columna que le estaban haciendo un favor. Luego ambos han morigerado sus posiciones, pero esa primera reacción muestra cómo piensan los monstruos. Es la reacc ión de quien va a un entierro y al ver que todos miran el cajón él quiere estar dentro. Son estados alterados que reflejan también los estados del país. Es de esperar que, sin perder la creatividad, lleguemos a momentos de aguas más calmas para la televisión y para su relación con el país.

EL DATO
Edición revisada
En 720 páginas y decenas de fotografías, Vivas historiza y critica 50 años de TV, valiéndose de herramientas de la sociología, de los estudios culturales, del periodismo y de cientos de testimonios de los protagonistas del medio, fácilmente ubicables en un notable índice onomástico.

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