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LA SEMANA QUE PASÓ

Sin licencia para errar

Por Pedro Ortiz Bisso

En un país donde cada año la pobreza obliga a miles a abandonar el colegio para empezar a trabajar, resulta excesivo exigir educación secundaria completa a quienes deseen contar con un brevete. Sin embargo, este aspecto, absolutamente corregible, no invalida el resto de disposiciones del nuevo Reglamento Nacional de Licencias de Conducir que el Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC) hizo público el último martes.

Obligar a los choferes profesionales a capacitarse y establecer hasta doce tipos de licencias son medidas que apuntan a una reorganización que la sangre derramada de tanto inocente exigía a gritos. El año pasado, El Comercio dio cuenta de un estudio realizado por el doctor Carlos Ponce Díaz, profesor de psicología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, el cual señalaba que el 40% de los conductores del servicio público mostraba rasgos psicópatas y que los menores de 29 años tenían conductas más avezadas que los mayores. Obviamente, los problemas mentales de los choferes de combi no se van a resolver en las escuelas de conductores, pero es literalmente de vida y muerte que quienes tienen la responsabilidad de transportar vidas todos los días, al menos refresquen sus conocimientos --si alguna vez los tuvieron-- sobre aspectos tan elementales como las reglas de tránsito, por ejemplo.

El primer bache en el camino es la falta de escuelas suficientes (en Lima solo hay una) para afrontar la previsible demanda que habrá, lo cual, como advirtió el último jueves nuestro consultor Edwin Derteano, podría tirar al traste este esfuerzo de cambio. Se requiere, además, una coordinación muy fina con la policía para que la fiscalización no se desvanezca con el paso del tiempo.

Si hay algo que caracteriza a nuestro país es la abundancia de normas que produce y nunca aplica. Hacer que este reglamento funcione y no tenga el mismo destino del plan Tolerancia Cero es una obligación que el MTC no puede eludir.

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