Por Juan Zegarra Salas
Sin ánimo de caer en el localismo, esta cumbre del APEC 2008 en Lima ha servido para definir, al menos en términos discursivos, el modo de encarar la crisis financiera internacional. Es decir, a través de la profundización del libre comercio. Ahora, el grado de cumplimiento de este compromiso es tan incierto como la dimensión de lo que se viene el 2009 en materia económica.
Lo que sí es predecible antes de que se emita la declaración de los líderes de las economías del APEC --que será al mediodía de hoy-- es que habrá un consenso para rechazar cualquier forma de proteccionismo, como ya esbozan los países del Mercosur y otras economías que calculan que esta es la mejor herramienta para detener los efectos de la desaceleración global en sus respectivos países.
Las exposiciones y los acuerdos previos en estos días han llevado como matriz continuar con la liberalización de las economías. La crisis financiera no estuvo específicamente en la agenda oficial, pero devino tema dominante. Los miembros, incluido el antes esquivo Estados Unidos, están convencidos de impulsar la Ronda de Doha, un mecanismo central para este fin y también para facilitar el comercio.
De algún modo, el APEC, cuyos acuerdos no son obligatorios pero influyen en los países, es la mejor representación de un modelo que apunta hacia la reducción y eliminación de aranceles, y trata de desbaratar barreras no arancelarias. Por eso, con la turbulencia financiera, las economías más pujantes, principalmente las asiáticas, señalan como derrotero la apertura de los mercados. Sus integrantes son inquietos propulsores de los tratados de libre comercio y las metas de Bogor (brújula de este foro Asia-Pacífico) tienen por fin que todas las economías del APEC de aquí al 2020 formen parte de un gran mercado libre.
De otra parte, esta cita también ha servido para apreciar con más claridad el cambio de roles de dos gigantes. Mientras Estados Unidos se presenta como el causante de la crisis, pues el origen de este efecto dominó estuvo en los créditos subprime, China aparece como el motor de la economía mundial y con su apuesta por seguir invirtiendo. Para muestra de esto basta ver que en las proyecciones de crecimiento del PBI entre las economías que integran el APEC, el país asiático figura en primer lugar con un estimado de 8,2%, en tanto que la economía norteamericana luce humillada en la cola con una proyección de -0,1%. El Perú figura en el segundo lugar con un estimado de crecimiento de 6,1%.
En síntesis, con la declaración principista a favor de la liberalización, los líderes de las economías están dando un mensaje que es más útil que en cualquier otra coyuntura. La razón es que va directo a mejorar la psicología del mercado, es decir, restituir su credibilidad. Es cierto que hay millonarios depósitos en los bancos y cada país tiene su consistente stock de dinero, pero nadie quiere aventurarse con medidas, pues puede licuarse en el acto o resultar innecesario. Lo mismo ocurre con el sector empresarial que, al desconocer el escenario del próximo trimestre o semestre, mantiene excesiva cautela con sus inversiones.
Lima, además de haber albergado a los principales líderes del planeta, ha sido el escenario para mandar al planeta entero el mensaje de que la mejor herramienta para aplacar la crisis financiera es a través de la apertura de los mercados y en contra de medidas estatistas.