Por Fernando Vivas
La cumbre del APEC debería servir de punto de inflexión de los noticieros y programas políticos: que se esfuercen por ampliar la cuota global de noticias y las ubiquen, al menos, en un segmento más destacado que el de deportes.
Somos demasiado provincianos y sensacionalistas a la hora de la información. Por eso, ver como noticia local el desfile de tantos presidentes y oír frases que buscan a oyentes internacionales nos hacen ver que, caramba, no estamos solos en el mundo. No hace daño dedicar unos cuantos minutos y titulares más que los acostumbrados a saber qué se cocinó en Malasia y qué está por pasar en México.
Dos cumbres en un año no pueden hacer una costumbre, pero sí dejan lecciones que serán sutilmente asimiladas por la TV: la distinción entre protocolos y espontaneidades (difícil en el caso de culturas orientales que tienen una actitud distinta a la nuestra ante el espectáculo de la pantalla), el respeto a la diversidad cultural (¡todavía se ven reportajes tomando a broma lenguas y trajes de otros lares!) y el cuidado del lenguaje para aludir a los personajes (eso de 'líderes de la economía' vale como jerga oficial del APEC, pero no tiene que ser adoptado obligatoriamente por los canales locales).
En la cumbre ALC-UE de mayo cosechamos un masivo interés por el tema del calentamiento global. De esta cumbre deberíamos hacer otras cosechas: crisis financiera internacional, economías asiáticas, proteccionismo.
Los reporteros no deben quedarse en el ritual del extranjero brindando con pisco sour y alabando, a la fuerza, el primer bocado de cebiche o causa que se embute. Que pasen a la pregunta comparativa sobre cómo enfrenta la sociedad del visitante un problema común o, al menos, le pidan impresiones más complejas que el simple "hmmm, qué rico". Que hablen de ellos y no solo de nosotros. Hay que compartir la agenda de sensaciones locales con la agenda planetaria.